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Interpretación musical en violín

      

Ser artista no es nada fácil. Yanara Quintana Beltrán tienen 22 años y estudia Interpretación Musical en Violín en el Conservatorio de la Universidad Mayor. Descubrió su pasión por este instrumento cuando sólo tenía 13 años y desde entonces no se ha separado de este arte. Contra cualquier mito y prejuicio, defiende su elección y transmite su talento haciendo clases a una orquesta infantil de Peñaflor.

¿Por qué decidiste estudiar Violín?

Bueno, partí a los 13 años en una orquesta de mi comuna, en Huechuraba. Conocí a una niña de mi edad que había empezado a tocar y quise ir para aprender. En ese momento para mí era un hobby, pero con el  paso de los años me di cuenta que no veía mi vida sin mi violín y la música.

¿Y cómo influyó la opinión de otras personas en tu decisión?

La mayoría de la gente piensa que con la música uno no puede ganar dinero, que es una carrera fácil o que somos unos bohemios. Me molesta mucho esa falta de cultura en este país. No es justo que, a pesar de ser reconocida como carrera, no tenga derecho a ningún beneficio de becas con la excusa de que no es una carrera “convencional”.

Por eso también tuve muchas diferencias con mi familia respecto a mi futuro, porque estaba saliendo de cuarto medio y lo único que hacía era estudiar violín. Pero no me arrepiento de mi decisión.

¿Qué has podido aprender en estos años de estudio?

Con la música se desarrollan varias habilidades que no se encuentran comúnmente en otras cosas. Tenemos que desarrollar mucho la creatividad, tener ideas claras de lo que queremos interpretar y para hacerlo se requiere un control mental total, mucha concentración. Hay que desarrollar el oído, controlar la respiración. Trabajamos músculos de las manos que no se usan para nada más y tenemos que aprender a controlar los nervios a la hora de tocar ante la gente. Por lo mismo tenemos mucha  más tolerancia al fracaso, pero por mucho que uno esté bien preparado los nervios traicionan. Hay muchas personas que nacen con talento y eso es súper importante, pero todo crédito de nuestros triunfos se debe solo (sólo) al esfuerzo.

Y hasta ahora, ¿cuáles son tus mayores logros?

He podido tocar en varias orquestas por todo Chile y conocer mucha gente, eso es lo más importante. Mi sueño es ser músico de cámara y viajar por el mundo haciendo música. En una oportunidad toqué con una orquesta de Palestina que vino a Chile. Nos entendimos poco, pero la música bastaba para que nos hiciéramos amigos.

¿Qué ha sido lo más difícil de tu trabajo y cómo has podido combinar la vocación con el éxito profesional?

Mi trabajo es tocar y lo hago hace tanto tiempo que no me resulta nada del otro mundo. Las clases que realizo son algo extra, pero no estudio para ser profesora sino violinista. De todas formas eso ha sido lo más complicado. Enseñarle a niños o adultos por qué se toca de una manera y no otra, enseñarles a tener paciencia y dedicación. Esa es la tarea más difícil y cuando lo aprenden, sientes que les servirá para toda la vida aunque no se dediquen a la música.

La única forma para sobrevivir en este “mundillo” es con perseverancia y no dejando que nadie te pase a llevar, haciendo oídos sordos a los comentarios mala onda y compitiendo con uno mismo siempre, porque es una carrera en que el aprendizaje y el perfeccionamiento nunca terminan.

¿Qué les aconsejarías a tus futuros colegas?

Que estudien lo que a ellos les gusta, lo que los hace felices, y luego en la plata que pueden ganar. Estudiar una carrera no tiene por qué ser un sacrificio. No es para pasarlo mal.



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