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Médico Veterinario

      

Eduardo Conejeros

¿Qué lo motivó a estudiar medicina veterinaria?

El amor a los animales infundado por mi padre, porque él era una amante de la naturaleza. Desde pequeño tuve mascotas, pero nunca pensé en ser veterinario, aunque si sabía que iba a estudiar algo con biología. Finalmente me convertí en veterinario y me encantó, me enamoré de esta carrera, sigo enamorado y moriré enamorado de ella.

¿Qué recuerdos guarda de su paso por la universidad? ¿Algún ramo que le haya presentado mayor dificultad?

Cada uno tiene sus habilidades. A lo mejor para mí pudo haber sido difícil un ramo que para otro fue fácil, todo depende de las capacidades de cada alumno. Lo importante ahí es no perder el norte, porque tú entras a una carrera con una meta y esa meta es titularte. En la vida hay tiempo para todo, pero si tú te dedicas a estudiar vas a sacar la carrera en el tiempo que corresponde. El ser estudiante es una etapa que hay que vivirla a concho, pero siendo respetuoso con uno mismo.

¿En qué universidad estudió?

Estudié en la Universidad de Concepción y me titulé el año 1987. En ese tiempo la carrera se dictaba en Chillán. Después de eso me he seguido perfeccionando con cursos de post-título en diferentes universidades del país y el extranjero.

En estos años, ¿cuál ha sido su experiencia laboral?

Durante los primeros años me dediqué a atender animales mayores y menores. Hace como 20 años me centré en esta clínica para animales pequeños, como perros, gatos y animales de compañía como conejos, culles, hámster, aves, etc. Los últimos tres años también me he dedicado a la parte oncología de la carrera, atendemos muchos perros y gatos con tumores.

¿Qué necesita una persona para ser veterinario?

Esta es una carrera para la cual se tiene que tener vocación, porque no es sólo el amor a los animales, también tienes que aprender a disfrutar de sus olores, deposiciones, orines y de todo eso. La parte bonita es darle cariño, pero a veces también nos toca ser los malos porque en ocasiones los animales no tienen opción y hay que aplicarles eutanasia. Eso es parte del ejercicio profesional.

¿Duele tener que terminar con la vida de un animal?

Sí, justamente por eso me hice homeópata para salvar a los perros con trastornos neurológicos. Antiguamente en Talcahuano había muchos perros con distemper y me dolía mucho no darles una opción cuando quedaban con trastornos, paralíticos de sus piernas o manos o cuadrapléjicos. Esta es otra forma de curar y felizmente hemos logrado salvar entre el 50 y el 80 por ciento de estos casos.

¿Cuál es la empleabilidad de los veterinarios?

Es muy versátil porque uno puede hacerse especialista en cada una de las especies que existen. Las posibilidades que tiene un médico veterinario son tremendamente variadas. Algunos trabajan en la frontera para impedir la entrada de plagas desde otros países, otros se desempeñan en el Servicio de Salud Pública, a los que nos gusta estar ahí nos dedicamos a la parte clínica haciendo medicina individual con animales de compañía o medicina colectiva con animales de producción, es decir vacunos, aves y cerdos. Ahí ya no se hace terapia al animal, sino al grupo y se les da prioridad a los que tengan un alto potencial genético.
 

 



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