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Astrónomo de la Universidad de Tarapacá viaja a la estrellas

      
<strong><a target=_blank href=https://agenda.universia.cl/>Revisa las actividades universitarias en la Agenda Universia</a><br/></strong><br/>Una tarde ideal, elegida certeramente por el astrónomo de la <a target=_blank href=https://www.uta.cl>Universidad de Tarapacá</a>, Mario Pedreros, quien junto a los académicos del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias, Alicia Cruz y Carlos Meneses, hicieron posible que 30 estudiantes de Arica vivieran una experiencia que fácilmente los puede marcar para el resto de su vida. <br/><br/>Alumnos, profesores y apoderados del Liceo A1, Colegio San Marcos y de los cursos de astronomía de la UTA, se dieron cita en el altiplano, en una noche con cielo despejado, sin luna presente y mínima turbulencia. <br/><br/>La “Carta del cielo”, un libro guía de estrellas, fue lo primero que los físicos observaron; luego por espacio de media hora procedieron a la instalación del telescopio marca Celestron, motorizado y automático con un espejo de 11 pulgadas de diámetro. Quince minutos para alinearlo hacia el Polo y listo para que los estudiantes pudieran encontrarse con la Vía Láctea extendida ante sus ojos. <br/><br/>La superficie del espejo define el área colectora de luz, nuestro iris tiene en promedio unos cuatro milímetros de diámetro entonces lo que se ve es muy poco, con el telescopio se agranda el iris a unos 30 centímetros y se puede ver como cinco mil veces más luz, por eso se ven las estrellas que a simple vista son imperceptibles. <br/><br/>Ése fue el ejercicio que hicieron los alumnos en esta salida a terreno, donde efectivamente se pudieron acercar más a la ciencia y por ende contar con una mayor facilidad para definir su interés vocacional, aún cuando ya habían sido seleccionados los que tenían inquietudes en el área de astronomía. <br/><br/>Todos los ojos ávidos de ver más allá de lo que la naturaleza permite estaban dispuestos para darse un banquete de luces lejanas que se acercaron gracias a la tecnología. Venus fue el primer planeta observado con su luz inconfundible, pues es lo más brillante que hay en el cielo después de la luna. Luego Saturno con su anillo de trozos de hielo y rocas orbitando alrededor de su redondez. Los conglomerados de millones de estrellas, el cúmulo globular Omega Centauro y el cúmulo abierto Cofre de Joyas con estrellas de distintos colores fueron todas las posibilidades que emocionaron a quienes se dieron cita arriba en las alturas, donde cada vez el cielo está más cerca. <br/><br/>El doctor en Astronomía, Mario Pedreros, miembro de la Unión Astronómica Internacional, cumplió su sueño de difundir el interés por esta área de la ciencia a los alumnos de educación media de Arica. <br/><br/>El cielo estaba dispuesto para ser devorado. La luna guardada hasta la mañana, sin interrumpir el horizonte infinito del polvo de estrellas que mostraba las distancias existentes entre los seres que pretendían quedarse un momento con la luz que titilaba desde lejos. <br/><br/>Edición: <em>Universia</em> / RR <br/><br/>Fuente: <em>Universidad de Tarapacá</em>
Revisa las actividades universitarias en la Agenda Universia

Una tarde ideal, elegida certeramente por el astrónomo de la Universidad de Tarapacá, Mario Pedreros, quien junto a los académicos del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias, Alicia Cruz y Carlos Meneses, hicieron posible que 30 estudiantes de Arica vivieran una experiencia que fácilmente los puede marcar para el resto de su vida.

Alumnos, profesores y apoderados del Liceo A1, Colegio San Marcos y de los cursos de astronomía de la UTA, se dieron cita en el altiplano, en una noche con cielo despejado, sin luna presente y mínima turbulencia.

La “Carta del cielo”, un libro guía de estrellas, fue lo primero que los físicos observaron; luego por espacio de media hora procedieron a la instalación del telescopio marca Celestron, motorizado y automático con un espejo de 11 pulgadas de diámetro. Quince minutos para alinearlo hacia el Polo y listo para que los estudiantes pudieran encontrarse con la Vía Láctea extendida ante sus ojos.

La superficie del espejo define el área colectora de luz, nuestro iris tiene en promedio unos cuatro milímetros de diámetro entonces lo que se ve es muy poco, con el telescopio se agranda el iris a unos 30 centímetros y se puede ver como cinco mil veces más luz, por eso se ven las estrellas que a simple vista son imperceptibles.

Ése fue el ejercicio que hicieron los alumnos en esta salida a terreno, donde efectivamente se pudieron acercar más a la ciencia y por ende contar con una mayor facilidad para definir su interés vocacional, aún cuando ya habían sido seleccionados los que tenían inquietudes en el área de astronomía.

Todos los ojos ávidos de ver más allá de lo que la naturaleza permite estaban dispuestos para darse un banquete de luces lejanas que se acercaron gracias a la tecnología. Venus fue el primer planeta observado con su luz inconfundible, pues es lo más brillante que hay en el cielo después de la luna. Luego Saturno con su anillo de trozos de hielo y rocas orbitando alrededor de su redondez. Los conglomerados de millones de estrellas, el cúmulo globular Omega Centauro y el cúmulo abierto Cofre de Joyas con estrellas de distintos colores fueron todas las posibilidades que emocionaron a quienes se dieron cita arriba en las alturas, donde cada vez el cielo está más cerca.

El doctor en Astronomía, Mario Pedreros, miembro de la Unión Astronómica Internacional, cumplió su sueño de difundir el interés por esta área de la ciencia a los alumnos de educación media de Arica.

El cielo estaba dispuesto para ser devorado. La luna guardada hasta la mañana, sin interrumpir el horizonte infinito del polvo de estrellas que mostraba las distancias existentes entre los seres que pretendían quedarse un momento con la luz que titilaba desde lejos.

Edición: Universia / RR

Fuente: Universidad de Tarapacá
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