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Filósofo aboga por una mayor participación de los pobres en el ingreso mundial

      
<strong><a target=_blank href=https://agenda.universia.cl/>Revisa las actividades universitarias en la Agenda Universia</a><br/></strong><br/>Cuando aún era estudiante, Thomas Pogge se fue de viaje durante tres meses a Asia. Allí vio la pobreza que nunca había visto en su Alemania natal: “Gente muriendo de hambre a pesar que se podían comprar 64 bananas por apenas 1 dólar, madres muriendo durante el parto, niños muriendo por infecciones comunes, adolescentes siendo vendidas en burdeles, y más”, relata este filósofo en su visita a la Facultad de Filosofía de la <a target=_blank href=https://www.uc.cl>Pontificia Universidad Católica de Chile</a>. <br/><br/>Fue esa experiencia la que lo llevó a especializarse en justicia global, rama de la filosofía política que se preocupa de la injusticia en el mundo, siendo discípulo del destacado John Rawls. Específicamente, su campo de estudio ha sido la extrema pobreza. De acuerdo a Pogge, los ricos tienen la obligación de tomar acciones para erradicar la pobreza mundial, no por el mero deber de ayudar a otros, sino porque han violado el orden institucional global que asegura los derechos socioeconómicos básicos de todas las personas. <br/><br/>Sin embargo, este deber no es sólo de los ricos. “Tengo la obligación de tratar de influenciar a mi gobierno, no solamente por los intereses de mis compatriotas, sino para lograr que se haga justicia. La justicia requiere que la economía mundial se organice de manera que la mitad más pobre de la humanidad pueda participar, al menos, de manera proporcional en el crecimiento económico global”, explica este profesor de la Universidad de Yale, EE.UU., y de la Universidad de Canberra, Australia. <br/><br/>En 2005, 1.380 millones de personas vivían con menos de 1.25 dólares diarios. La mitad de la población más pobre del mundo representa menos del 3% del ingreso mundial. “En términos económicos, el problema de la pobreza es ridículamente pequeño”, afirma este filósofo y agrega: “La pobreza persiste no porque el mundo sea pobre, sino porque la riqueza está mal distribuida”. Así, mientras el ingreso mundial está aumentando, la participación de los más pobres está disminuyendo. <br/><br/>Por otra parte, un tercio de todas las muertes en el mundo se debe a causas relativas a la pobreza, a enfermedades que son inocuas en los países desarrollados pero mortales en las naciones de escasos recursos. “Nadie muere de diarrea en Estados Unidos o Suiza, pero sí en India o África”, dice. De hecho, entre las principales enfermedades que causan la muerte en los países en vías de desarrollo están la diarrea, malnutrición, infecciones en el parto, tuberculosis, meningitis, hepatitis, malaria, infecciones respiratorias y el Sida. <br/><br/>Es por esto que Pogge promueve la idea de crear un Fondo de Impacto de Salud (HIF, en su sigla en inglés), un organismo internacional que impulse a los investigadores a registrar sus nuevas medicinas. Durante 10 años, el medicamento estaría disponible libremente en el mercado y podría venderse al costo; a cambio, el inventor recibiría pagos anuales de acuerdo al impacto de su producto. Para esto, se propone que el Fondo cuente con un presupuesto anual de 6 mil millones de dólares, aportado por gobiernos internacionales. Esto busca reducir el problema de las farmacéuticas, que deben vender sus productos a elevados precios para cubrir los costos de las investigaciones, e incentivar nuevas investigaciones especialmente en las enfermedades que afectan a los más pobres. <br/><br/>Edición: <em>Universia</em> / RR <br/><br/>Fuente: <em>Pontificia Universidad Católica de Chile</em>
Revisa las actividades universitarias en la Agenda Universia

Cuando aún era estudiante, Thomas Pogge se fue de viaje durante tres meses a Asia. Allí vio la pobreza que nunca había visto en su Alemania natal: “Gente muriendo de hambre a pesar que se podían comprar 64 bananas por apenas 1 dólar, madres muriendo durante el parto, niños muriendo por infecciones comunes, adolescentes siendo vendidas en burdeles, y más”, relata este filósofo en su visita a la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fue esa experiencia la que lo llevó a especializarse en justicia global, rama de la filosofía política que se preocupa de la injusticia en el mundo, siendo discípulo del destacado John Rawls. Específicamente, su campo de estudio ha sido la extrema pobreza. De acuerdo a Pogge, los ricos tienen la obligación de tomar acciones para erradicar la pobreza mundial, no por el mero deber de ayudar a otros, sino porque han violado el orden institucional global que asegura los derechos socioeconómicos básicos de todas las personas.

Sin embargo, este deber no es sólo de los ricos. “Tengo la obligación de tratar de influenciar a mi gobierno, no solamente por los intereses de mis compatriotas, sino para lograr que se haga justicia. La justicia requiere que la economía mundial se organice de manera que la mitad más pobre de la humanidad pueda participar, al menos, de manera proporcional en el crecimiento económico global”, explica este profesor de la Universidad de Yale, EE.UU., y de la Universidad de Canberra, Australia.

En 2005, 1.380 millones de personas vivían con menos de 1.25 dólares diarios. La mitad de la población más pobre del mundo representa menos del 3% del ingreso mundial. “En términos económicos, el problema de la pobreza es ridículamente pequeño”, afirma este filósofo y agrega: “La pobreza persiste no porque el mundo sea pobre, sino porque la riqueza está mal distribuida”. Así, mientras el ingreso mundial está aumentando, la participación de los más pobres está disminuyendo.

Por otra parte, un tercio de todas las muertes en el mundo se debe a causas relativas a la pobreza, a enfermedades que son inocuas en los países desarrollados pero mortales en las naciones de escasos recursos. “Nadie muere de diarrea en Estados Unidos o Suiza, pero sí en India o África”, dice. De hecho, entre las principales enfermedades que causan la muerte en los países en vías de desarrollo están la diarrea, malnutrición, infecciones en el parto, tuberculosis, meningitis, hepatitis, malaria, infecciones respiratorias y el Sida.

Es por esto que Pogge promueve la idea de crear un Fondo de Impacto de Salud (HIF, en su sigla en inglés), un organismo internacional que impulse a los investigadores a registrar sus nuevas medicinas. Durante 10 años, el medicamento estaría disponible libremente en el mercado y podría venderse al costo; a cambio, el inventor recibiría pagos anuales de acuerdo al impacto de su producto. Para esto, se propone que el Fondo cuente con un presupuesto anual de 6 mil millones de dólares, aportado por gobiernos internacionales. Esto busca reducir el problema de las farmacéuticas, que deben vender sus productos a elevados precios para cubrir los costos de las investigaciones, e incentivar nuevas investigaciones especialmente en las enfermedades que afectan a los más pobres.

Edición: Universia / RR

Fuente: Pontificia Universidad Católica de Chile
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