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Offshoring en Chile: Un camino que emprender para comenzar a agregar valor (PRIMERA PARTE)

      
La Inversión Extranjera Directa (IED) ha transformado a América Latina, modernizando sectores industriales y mejorando muchos de sus servicios y parte de su infraestructura. El fenómeno queda en evidencia en todas partes: desde las plataformas de exportación de México y Costa Rica dedicadas, respectivamente, al ensamblaje de vehículos automotores y microprocesadores en condiciones competitivas, a la perfeccionada red vial y de telecomunicaciones de Brasil, los servicios financieros en Argentina, y la red de autopistas concesionadas y servicios aeroportuarios en Chile, entre otros (1).

Sin embargo lo anterior, aún quedan muchas interrogantes acerca del verdadero valor de la IED. En general, luego de concepciones más bien ideológicas para su evaluación, que dominaron gran parte de la discusión antes de los 90s, con el fin de la guerra fría se han comenzado a hacer evaluaciones más bien técnicas, en las economías receptoras. De esta forma, surgieron dos corrientes: una en la cual se considera a la IED en términos macroeconómicos desde el punto de vista de su aporte a la economía global (empleo, formación de capital, balanza de pagos, etc); y otra, que se centra en los efectos microeconómicos de la IED, desde la perspectiva de la organización industrial.

Cuando se aplica la primera, la IED se evalúa en términos del volumen de ingresos, según el principio de “cuanto más, mejor”; en algunos casos el análisis se vincula a variables macroeconómicas como el crecimiento, las exportaciones y el empleo. En cambio, cuando se aplica la segunda, la IED se asocia a las operaciones de las empresas transnacionales, que se evalúan de acuerdo con su contribución al desarrollo productivo local, sobre la base de criterios como la transferencia y asimilación de tecnología, el establecimiento y fortalecimiento de los encadenamientos productivos, la capacitación de recursos humanos y el desarrollo empresarial local. En este caso, la calidad de la IED y de las operaciones de las empresas transnacionales es tan importante como su volumen o escala (2).

En cuanto a su distribución sectorial, la IED hacia América Latina ha variado desde los 90s hasta el presente. En esos años la mayoría de la inversión llegaba al sector secundario, motivada principalmente por las grandes privatizaciones en el tramo de telecomunicaciones y el eléctrico. Hacia el presente, los sectores en los que se acumula la mayor cantidad de IED, son el primario, principalmente en actividades extractivas de minerales metálicos y no metálicos, y el terciario, donde siguen destacando las telecomunicaciones, por las inversiones hechas una década atrás, pero con un crecimiento importante en el sector financiero y en el comercial.

El país de la región que más se ha beneficiado con la IED en lo que se refiere a infraestructura es Chile. Principalmente a través de privatizaciones y concesiones (ej: las autopistas concesionadas con uso de dispositivo TAG, donde nuestro país es pionero), la IED participa en el desarrollo de las telecomunicaciones; del sistema eléctrico; de la infraestructura vial, aeroportuaria y portuaria; del saneamiento de agua; entre otros. Aunque no hay estudios específicos que midan el impacto global de estas inversiones, considerando algunas mediciones internacionales, es posible determinar su impacto positivo.





Chile se ubica hoy en la mejor posición de Latinoamérica en los índices de competitividad del Foro Económico Mundial y del IMD. La calidad global y específica de la infraestructura, aparece no solo en el mejor puesto de los países latinoamericanos, sino que en los sectores en que la inversión ha sido más intensa, como en telecomunicaciones, el país se ubica entre los 10 mejores del mundo. Esto lo sitúa en una excelente posición para continuar atrayendo inversiones hacia otras áreas, como las relacionadas con servicios de tecnología de información y comercio, dos de los ejes estratégicos definidos por los últimos gobiernos.

Utilizando el enfoque propuesto por CEPAL, de estrategias genéricas, es posible llegar a una cantidad manejable de factores a utilizar como referencia para el análisis, considerando en forma general las estrategias de las empresas transnacionales que están instaladas en Chile, las cuales buscan mercados nacionales y regionales y los factores específicos propuestos por la misma CEPAL.

En el gráfico siguiente, se presentan los factores generales a utilizar, agrupados en generales, específicos y avanzados. Esta agrupación responde a dos características. Por un lado, a las dos líneas de pensamiento descritas: cantidad y calidad de la inversión. Los agentes generales están relacionados a aumentos en la cantidad de inversión y los factores específicos y avanzados a aumentos de la calidad. Además responde a plazos para mejorar la posición para la atracción de inversiones directas. Mientras mejorar los agentes generales debe ser una tarea en el corto plazo, los específicos y los más avanzados, son tareas más bien de mediano y largo plazo.





1-. La inversión extranjera en América Latina y el Caribe. CEPAL, 2003.


2-. La inversión extranjera en América Latina y el Caribe. CEPAL, 2003.
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