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Un buen dormir favorece el crecimiento y aprendizaje en los niños

      
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¿Cuánto sueño es suficiente para los niños? ¿Cuáles son los problemas que pueden afectar el dormir de los pequeños? ¿Qué hacer? ¿Qué tan importante es este periodo? Son algunas de las interrogantes que surgen en la mayoría de los padres.

“Cuando el sueño está alterado puede afectar el crecimiento y el aprendizaje, ya que este periodo forma parte de los ciclos biológicos, además de presentar repercusiones en sus actividades diarias como retraso escolar, ya que el no dormir bien produce falta de concentración y falta de energía para desarrollar las diferentes actividades y puede producir irritabilidad y apatía”, comenta Claudia Contreras, docente de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello.

Dormir lo suficiente

Existen diferencias en cuánto debe dormir un niño, los datos aparecidos en diversas publicaciones son promedios obtenidos. “Lo que sí está claro es que mientras más pequeños, la necesidad de sueño es mayor. Hasta los tres meses, el niño duerme aproximadamente 16 horas repartidas en periodos de dos a cuatro horas. Después del tercer mes comienzan adoptar el ciclo día y noche con tres a cuatro siestas y sueño nocturno de cinco a nueve horas. Un total de 13 a 14 horas”, explica la enfermera.

“A los seis meses duermen aproximadamente 14 horas diarias, con un sueño nocturno de 10 a 12 horas y dos siestas, una en la mañana y otra en la tarde. A partir del año de edad la mayoría de los niños duermen entre 10 y 13 horas y desde los 18 meses reducen una de las siestas”, agrega.

“En la edad escolar, los niños duermen aproximadamente entre 9 y 11 horas. En la Adolescencia se necesitan de 8 a 9.5 horas de sueño cada noche. Lo más importante es comenzar a crear hábitos desde pequeños”, dice la docente de la UNAB.

Problemas durante el sueño

Existen algunos problemas más frecuentes durante el sueño, según subraya Claudia Contreras:

Sonambulismo: es una alteración benigna que sucede entre los cuatro y siete años de edad, generalmente las primeras cuatro horas de sueño, el niño se levanta y realiza alguna conducta aprendida durante el día, si se le pregunta al día siguiente que no sucedió el niño no recuerda nada.

Pesadillas: se producen entre los tres y seis años, son sueños que generan ansiedad en los niños lo que los despierta muy asustados, se producen en la segunda mitad de la noche y son resultado de sentimientos de inseguridad, ansiedades, miedos o preocupaciones. Al despertar los niños pueden recordar sin problemas que sucedió. Generalmente duran unas semanas y lo importante es transmitirles tranquilidad.

Terrores nocturnos: se producen entre los cuatro y doce años en la primera mitad del sueño. Cuando el niño literalmente se ve “aterrado”, no es capaz de reconocer a nadie ya que esta está profundamente dormido, dura entre dos a diez minutos y al otro día no recuerda nada. No se debe despertar al niño, sólo acompañarlo. Ceden en la adolescencia.

¿Qué hacer?

La académica de la Universidad Andrés Bello detalla algunas recomendaciones para que los padres puedan velar por un correcto sueño en sus hijos:

• Idealmente crear un patrón desde pequeños, si aún no lo ha hecho, nunca es tarde; éste debe incluir preparar el ambiente en la habitación, regular sus horarios y constancia en las horas de acostarse y levantarse.

• Utilizar su cama para dormir, evitar actividades que lo estimulen.

• Si mientras duerme despierta llorando, antes de acudir espere a ver si vuelve a dormirse solo.

• Nunca pasarlo a la cama de los padres en respuesta a las exigencias del niño.

• Evitar siestas muy largas.

• Independiente de la edad que se comience a crear el hábito en el niño, todos quienes vivan en la casa deben adoptar la misma rutina hasta que esta se haya adquirido.

• Si el niño se nota cansado e irritable durante el día, tiene poca concentración en el colegio y no duerme bien es importante consultar.

“Dormir bien favorecerá el crecimiento y aprendizaje del niño, los padres pueden ayudar a los niños a tener un sueño fortalecedor creando un buen hábito desde pequeños”, concluye la enfermera.

Edición: Universia / RR

Fuente: Universidad Andrés Bello

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