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Ediciones ARQ de la Universidad Católica de Chile recoge obra y testimonio del arquitecto Cristián Valdés

      
Cristián Valdés, autor de un conjunto de obras consideradas entre las más originales y consistentes de la arquitectura chilena contemporánea, comenzó su vida académica como estudiante sintiéndose un incomprendido. “Me gustaba la arquitectura, pero yo no me sentía capaz de estudiar tal como se planteaba la cosa; nunca fui buen alumno en nada, nunca cumplí con ninguna norma de buen alumno ni en el colegio ni en ninguna parte”, recuerda.

Valdés alcanzó a estudiar dos años en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, entre 1955 y 1956, después de trabajar como dibujante en la fábrica de mubles de su padre. Fue reprobado y decidió retirarse. “Me daba cuenta de que todo lo que tú hacías no parecía tener ningún interés si no era como las cosas que aparecían en las revistas”, dice.

Pero retoma la carrera en la Universidad Católica de Valparaíso donde consolida a partir de su proyecto de título un pensamiento autónomo frente a cuestiones relacionadas con el uso, los modos de ocupación y la flexibilidad de los espacios. En sus más de 40 años de trayectoria, ha desarrollado una obra caracterizada, según él mismo, por la levedad y la modestia del encargo. “De lo que yo me agarro es de la potencialidad del espacio que crece en la medida en que se utilice, ese es el juego. Curiosamente, estas aparentes restricciones de tamaño hacen que las cosas adquieran una medida justa”, declara. Muestra de ello son las escuelas y las casas campesinas de Longotoma (1963-1964) y la Capilla y Casa Dominicas en Pudahuel (1966).

Una selección de 25 de sus obras construidas en Chile entre 1963 y 2007 están contenidas en un volumen que acaba de ser publicado por Ediciones ARQ: Cristián Valdés. La medida de la Arquitectura (Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica, 219 páginas). El libro es el resultado de una investigación desarrollada por la arquitecta Sandra Iturriaga dentro de la UC y recoge además el testimonio y las reflexiones de Valdés respecto a su trabajo. Estos ensayos, Principios de un oficio, El proyecto de titulo y la ley de uso, Los sistemas elementales y la construcción de la forma y Bitácora de una observación: la silla Valdés, son transcripciones recogidas por la autora a partir de conversaciones sostenidas con el arquitecto entre el 2001 y el 2006.

Paradójicamente ninguna de los encargos que le tocó desarrollar a Cristián Valdés como arquitecto tiene el prestigio ni la importancia adquirida por la silla que lleva su nombre. Aunque reconoce que los muebles siempre fueron un hobby afirma que “son un problema de forma que se aborda igual que la arquitectura”. “Las cosas a la larga tienen una ley, da lo mismo si es un mueble o un edificio; en el fondo, en la Escuela de Valparaíso me enseñaron que las cosas deben tener una columna vertebral, al modo de un eje que debe nacer de una observación de lo real”, agrega. La silla de madera laminada que se origina en el año 1977 nace de la necesidad de eliminar la pérdida y optimizar el uso de este material en la fabricación de muebles.

Y acerca de su trabajo en general afirma que mucho más importante que las obras, es el pensamiento que hay detrás, que es lo que perdura. “A veces pienso qué es lo que ha hecho uno. Nada, absolutamente nada, como si valiera la pena pensar que uno ha hecho algo importante. En realidad yo creo que la única cosa rescatable es que las cosas tengan ese punto de partida propio. Si uno tuviera que buscarle un sentido a las cosas, creo que tiene que ver con esto, con los elementos esenciales que construyen las cosas más que las cosas mismas”, declara.

Edición: Universia / RR

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