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Psicóloga de Universidad Andrés Bello entrega claves sobre las causas de la violencia juvenil

      
Según la psicóloga de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, Lucía Godoy, las causas que predisponen a la violencia juvenil son principalmente cuatro:

En primer lugar está el retraso de la adquisición de las responsabilidades de la vida adulta. Hoy ha aumentado la cantidad de jóvenes mayores de 25 años que permanecen en la casa paterna, por razones de carácter económico, como escasez de empleos; insuficiencia de los salarios e inestabilidad laboral, y de carácter acomodaticio que consiste en estrategias de retención de los hijos en la casa paterna. Así, al no poder o no querer acceder a la independencia económica y emocional, los jóvenes encuentran una "pseudo-emancipación", en base a reiteradas y prolongadas salidas nocturnas, de largos fines de semana y de "experiencias fuertes" con conductas de riesgo (abuso de sustancias; conducción suicida; enfrentamientos con la policía). Esto impide que se asuman como adultos responsables.

En segundo lugar está el desarrollo de modos concretos de marginalidad juvenil. Se manifiesta en la formación de pandillas y tribus urbanas; conductas radicalizadas, drogadicción y delincuencia. Producto de la desintegración cultural de la sociedad, los jóvenes de hoy no tienen modelos claros de identificación valórica en el medio social, y por ello se identifican con grupos marginales que de una u otra forma son contrarios al sistema.

La psicóloga destaca en tercer lugar a los medios de comunicación que usan la imagen juvenil y agresiva de manera exitosa. Magnificando la manera de ser juvenil y mostrándola como imagen de vitalidad a imitar por la sociedad. "Todo lo joven es bello y todo lo viejo es decrépito". Se promueve una imagen inmadura y agresiva que impregna el modo de vivir adulto. A la par, la violencia se difunde masivamente a través de los escabrosos informativos televisivos, la profusión de truculentas películas, los videojuegos, las letras de las canciones de rock-punky o de los videoclips. Nuestros jóvenes absorben una carga de agresividad que las generaciones anteriores no tuvimos. El contenido televisivo favorece el consumo de drogas, la promiscuidad, la violencia y el consumismo extremo, que es asumido por muchos jóvenes como real y deseable para el desarrollo exitoso de su vida y personalidad: muchos identifican el mundo real con el que ven en las pantallas.

Por último, la sustitución de la familia y la escuela en su función sociabilizadora. Anteriormente la familia y la escuela eran las instituciones que tenían mayor influencia en el proceso de sociabilización de los niños. Pese a que hoy la familia sigue siendo proveedora de afectos y la escuela lo es de conocimientos académicos, ninguna de ellas tiene relevancia suficiente como transmisoras de valores para la integración social. Antes había modelos familiares y escolares muy claros con los cuales identificarse. Ahora, nuestros hijos están expuestos a muy variados ejemplos de identificación. La escuela a menudo no coincide con el ideario de casa, y la mayoría de las veces la televisión introduce un sistema valórico muy diferente a ambas.

En conclusión la efectividad de las medidas educativas familiares y escolares seguirán siendo precarias, si no van acompañadas de un apoyo mediático que coincida con ellas. Es decir, la implicación social es fundamental para que tengan éxito los mensajes educativos de la familia y la escuela.

Fuente: Universidad Andrés Bello / PG / FOM.

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