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Académicos de la Universidad Andrés Bello entregan herramientas para tratar pacientes difíciles

      
Son personas que, pese a los múltiples tratamientos recibidos, diferentes estrategias de intervención y diversidad de profesionales que los han tratado no logran resultados favorables tanto desde su punto de vista, como el del equipo de salud.

Algunos sufren de patologías crónicas y consultan recurrentemente en los servicios de salud, tienen multiplicidad de síntomas y la frecuencia con que solicitan ayuda es mayor. Los llamados "pacientes difíciles o policonsultantes", pueden ser beneficiados con propuestas relacionadas con el desarrollo de habilidades que les permitan explorar los sentimientos y emociones que surgen en sus relaciones interpersonales con su entorno familiar y comunitario.

Este enfoque es presentado por la terapeuta ocupacional Ximena Porras Araneda, la psicóloga Carla Ubeda y el asistente social Héctor Pasmiño, profesores de la carrera de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello.

Ximena Porras afirma que si el paciente es capaz de vincular sus emociones con sus conductas y hábitos de vida, se puede facilitar una mayor conciencia sobre el origen de sus síntomas, una mayor integración y control de estos, y ofrecerle la posibilidad de enfrentar sus problemas de salud a partir de sus necesidades emocionales, asumiendo una posición más responsable, si así lo elige.

"En muchas ocasiones tenemos pacientes que dan la impresión de que no desean cambiar: no siguen las prescripciones, consejos, dietas y medicamentos indicados. O bien, dejan de controlarse como se les indica, abandonan tratamientos, pero consultando cuando se sienten mal", explica. Desde la perspectiva del profesional, es frecuente encontrarse con pacientes descompensados que se muestran "descuidados" con su tratamiento y es muy habitual sentirse con rabia y frustración por ello.

La terapeuta ocupacional detalla que al observar esta situación, los profesionales deberían hacer más coherente la relación entre los aspectos emocionales y prácticos, favoreciendo una mejor integración de la persona, a fin de que asuma una mayor responsabilidad en el manejo de su problema.

"Lo anterior tiene que ver con reconocer y valorar el significado que tiene para la persona la enfermedad. Ella podrá definirse o asumir una cierta postura, 'empoderarse' frente a su situación de salud una vez que haya podido asignarle un significado personal", sostiene Porras.

Afirma que al ser consciente de su realidad, la decisión de intentar cambiar o no su situación de vida, depende de el paciente, que ya no "padece" de algo desconocido, y por lo tanto fuera de su alcance: Por otra parte, la responsabilidad frente a la solución de los conflictos y al problema son más compartidos y consensuados entre ambos.

Este enfoque fue presentado en un artículo de la Revista Chilena de Medicina Familiar, de la Sociedad Científica de Medicina General y Familiar de Chile en diciembre de 2004.

Fuente: Universidad Andrés Bello

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