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Los Caracteres Emprendedores

      
Frente a los otros se les reconoce de inmediato, nunca borrados por ese brumazón moral en que aquellos se destiñen. Su personalidad es todo brillo y arista.<br><br>Han creado su vida y servido un ideal, perseverando en su ruta, sintiéndose dueños de sus acciones, templándose por grandes esfuerzos: seguros en sus creencias, leales a sus afectos, fieles a su palabra. Nunca se obstinan en el error, ni traicionan jamás a la verdad. Pujan contra los obstáculos y afrontan las dificultades. Son respetuosos en la victoria y se dignifican en la derrota: como si para ellos la belleza estuviera en la lid y no en su resultado. Siempre, invariablemente, ponen la mirada alto y lejos; tras lo cual, como fugitivo, divisan un ideal más respetable cuanto más distante. Estos optimates son contados; cada uno vive por un millón.<br><br>Poseen una firme línea moral que les sirve de esqueleto o de armadura. Son alguien. <br>Su fisonomía es la propia y no puede ser de nadie más: son inconfundibles, capaces de imprimir su sello indeleble en mil iniciativas fecundas. <br><br>Las gentes domesticadas los temen, sin advertirlo, empero, los adoran. Son los verdaderos amos de la sociedad los que agreden el pasado y preparan el porvenir, los que destruyen y plasman. <br><br>El cristal tiene una forma preestablecida en su propia composición química; cristaliza en ella o no, según los casos; pero nunca toma otra forma que la propia. La persona emprendedora es como un cristal, siempre brilla, porque su esencia es la arcilla, en cambio, carece de forma propia y toma la que le imprimen las circunstancias exteriores, los seres que la presionan o las cosas que lo rodean; conserva el rastro de todos los surcos y el hoyo de todos los dedos, como la cera, como la masilla; será cúbica, esférica o piramidal, según la modelen. Así son los caracteres mediocres; sensibles a las coerciones del medio en que viven, incapaces de servir una fe o una pasión.<br><br>En síntesis, el emprendedor, es el que hace que las cosas sucedan.<br><br><b><a href=https://200.75.7.245/servicios/foros/viewForum.jsp?forum=149 class=blacklinks target=_blank> Nos gustaría saber tu opinión ¡Participa!<br><br>Fernando Vigorena<br>Conferencista profesional<br>www.fernandovigorena.cl
Frente a los otros se les reconoce de inmediato, nunca borrados por ese brumazón moral en que aquellos se destiñen. Su personalidad es todo brillo y arista.

Han creado su vida y servido un ideal, perseverando en su ruta, sintiéndose dueños de sus acciones, templándose por grandes esfuerzos: seguros en sus creencias, leales a sus afectos, fieles a su palabra. Nunca se obstinan en el error, ni traicionan jamás a la verdad. Pujan contra los obstáculos y afrontan las dificultades. Son respetuosos en la victoria y se dignifican en la derrota: como si para ellos la belleza estuviera en la lid y no en su resultado. Siempre, invariablemente, ponen la mirada alto y lejos; tras lo cual, como fugitivo, divisan un ideal más respetable cuanto más distante. Estos optimates son contados; cada uno vive por un millón.

Poseen una firme línea moral que les sirve de esqueleto o de armadura. Son alguien.
Su fisonomía es la propia y no puede ser de nadie más: son inconfundibles, capaces de imprimir su sello indeleble en mil iniciativas fecundas.

Las gentes domesticadas los temen, sin advertirlo, empero, los adoran. Son los verdaderos amos de la sociedad los que agreden el pasado y preparan el porvenir, los que destruyen y plasman.

El cristal tiene una forma preestablecida en su propia composición química; cristaliza en ella o no, según los casos; pero nunca toma otra forma que la propia. La persona emprendedora es como un cristal, siempre brilla, porque su esencia es la arcilla, en cambio, carece de forma propia y toma la que le imprimen las circunstancias exteriores, los seres que la presionan o las cosas que lo rodean; conserva el rastro de todos los surcos y el hoyo de todos los dedos, como la cera, como la masilla; será cúbica, esférica o piramidal, según la modelen. Así son los caracteres mediocres; sensibles a las coerciones del medio en que viven, incapaces de servir una fe o una pasión.

En síntesis, el emprendedor, es el que hace que las cosas sucedan.

Nos gustaría saber tu opinión ¡Participa!

Fernando Vigorena
Conferencista profesional
www.fernandovigorena.cl

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