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El documental según Raúl Ruiz

      
"En Chile hablar sobre Ruiz, es como referirse a Borges, para los argentinos". Con esta frase <b>Eduardo Sabrovsky</b>, director del Instituto de Humanidades de la <b><a href=https://www.udp.cl class=blacklinks target=_blank>Universidad Diego Portales</a></b>, presentó al director de cine radicado en Francia hace más de 30 años. Es que hablar de <b>Raúl Ruiz</b> no es fácil. A sus 64 años continúa perfilando su inquietud por el séptimo arte desde áreas, en apariencia tan lejanas, como la física y la poesía.<br><br>A su lado está <b>Prieur</b>, quien a todas luces es su nuevo gran compañero de tertulias y discusiones intelectuales. El escritor y documentalista galo se autodefine como un investigador más que un escritor, y la última de sus más de diez publicaciones lleva por título <b>Todos los Objetos son Esfinges</b>, que continúa en la senda del debate teológico acerca de los primeros siglos del cristianismo.<br><br>El aterrizaje de estos dos parisinos en Santiago se debe a que la <b>Embajada de Francia</b>, en conjunto con instituciones de educación superior (entre las que se cuenta la UDP), han organizado <b>La Semana de Raúl Ruiz en el Cinehoyts de La Reina</b>. El encuentro tiene como objetivo proyectar sus más actuales filmes, todos inéditos en nuestro país, además de abrir debate cultural con otros tres intelectuales franceses -de otros ámbitos del saber- para así inventar con cada uno de ellos un proyecto de cine a través de la interacción.<br><br>Siempre cauto y evocador, Ruiz relegó al documental a la categoría de disciplina multidisciplinaria, dejando claro la diferencia que existe entre un documental propiamente tal versus uno de ficción. Esto, lejos de ser una condena, sugiere un pensamiento vanguardista de parte del cineasta: "Una ficción pura es una buena abstracción documental, a veces se logran resultados más óptimos. En una película de Hollywood, las escenas se pueden cortar, en un documental no se hace, en teoría".<br><br>"La ficción sirve más de lo que se cree. Con pequeñas ficciones las ideas suelen fluir mejor", argumenta. Compara el documental clásico con el de aberraciones y menciona el caso "de la niña colombiana cuya lenta agonía es captada de forma morbosa luego de una tragedia climática". Mientras tanto, en un expedito francés, Prieur interviene. Básicamente se refiere a por qué se dedica a la obra épica-religiosa, argumentando que el grado de sesgo que pueden llegar a tener otro tipo de documentales es infinito: "Siempre hay limitantes, ya sea el continente, el país, etc".<br><br>Ruiz, retomando, expone casos de colegas que han "desestimado la estética Bennetton", analogía con que desenmascara aquella invasión de documentales que muestran excéntricas "realidades sociales". "Existen interesantes experimentos que, a lo largo del tiempo, han logrado excelentes resultados. El <i>falso documental</i> es uno de estos casos", dijo.<br><br>De modo anecdótico comenta que un aguerrido director francés "se hacía pasar por soldado y participaba en guerras, luego reconstruía las batallas (nunca capturó la real)". Para el cineasta avecindado en Europa, esta práctica refleja un buen equilibrio de lo que el documental requiere, y recuerda que en época de <b>Meliere</b> "se recreaban asesinatos y ascensiones reales". <br><br>Al ser consultado sobre la nueva tendencia norteamericana que hace documentales polémicos y denunciantes, Ruiz es reticente y sarcástico. "Yo hago mis películas, no tengo problemas", esboza. A los pocos segundos responde serio: "Tuvimos que darle el premio a <b>Moore</b> (Michael) en Cannes. Hay que aceptar este tipo de documentales, pero hay que reconocer que están muy formateados, buscan la curva del éxito. Es un documental bastante publicitario". Luego, le baja un poco el perfil a sus comentarios diciendo: "Cuando Michael Moore dice seriamente que Bush es nocivo para el país, yo digo O.K. Pero no puedo dejar de pensar en cuantas hamburguesas se comió".
"En Chile hablar sobre Ruiz, es como referirse a Borges, para los argentinos". Con esta frase Eduardo Sabrovsky, director del Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales, presentó al director de cine radicado en Francia hace más de 30 años. Es que hablar de Raúl Ruiz no es fácil. A sus 64 años continúa perfilando su inquietud por el séptimo arte desde áreas, en apariencia tan lejanas, como la física y la poesía.

A su lado está Prieur, quien a todas luces es su nuevo gran compañero de tertulias y discusiones intelectuales. El escritor y documentalista galo se autodefine como un investigador más que un escritor, y la última de sus más de diez publicaciones lleva por título Todos los Objetos son Esfinges, que continúa en la senda del debate teológico acerca de los primeros siglos del cristianismo.

El aterrizaje de estos dos parisinos en Santiago se debe a que la Embajada de Francia, en conjunto con instituciones de educación superior (entre las que se cuenta la UDP), han organizado La Semana de Raúl Ruiz en el Cinehoyts de La Reina. El encuentro tiene como objetivo proyectar sus más actuales filmes, todos inéditos en nuestro país, además de abrir debate cultural con otros tres intelectuales franceses -de otros ámbitos del saber- para así inventar con cada uno de ellos un proyecto de cine a través de la interacción.

Siempre cauto y evocador, Ruiz relegó al documental a la categoría de disciplina multidisciplinaria, dejando claro la diferencia que existe entre un documental propiamente tal versus uno de ficción. Esto, lejos de ser una condena, sugiere un pensamiento vanguardista de parte del cineasta: "Una ficción pura es una buena abstracción documental, a veces se logran resultados más óptimos. En una película de Hollywood, las escenas se pueden cortar, en un documental no se hace, en teoría".

"La ficción sirve más de lo que se cree. Con pequeñas ficciones las ideas suelen fluir mejor", argumenta. Compara el documental clásico con el de aberraciones y menciona el caso "de la niña colombiana cuya lenta agonía es captada de forma morbosa luego de una tragedia climática". Mientras tanto, en un expedito francés, Prieur interviene. Básicamente se refiere a por qué se dedica a la obra épica-religiosa, argumentando que el grado de sesgo que pueden llegar a tener otro tipo de documentales es infinito: "Siempre hay limitantes, ya sea el continente, el país, etc".

Ruiz, retomando, expone casos de colegas que han "desestimado la estética Bennetton", analogía con que desenmascara aquella invasión de documentales que muestran excéntricas "realidades sociales". "Existen interesantes experimentos que, a lo largo del tiempo, han logrado excelentes resultados. El falso documental es uno de estos casos", dijo.

De modo anecdótico comenta que un aguerrido director francés "se hacía pasar por soldado y participaba en guerras, luego reconstruía las batallas (nunca capturó la real)". Para el cineasta avecindado en Europa, esta práctica refleja un buen equilibrio de lo que el documental requiere, y recuerda que en época de Meliere "se recreaban asesinatos y ascensiones reales".

Al ser consultado sobre la nueva tendencia norteamericana que hace documentales polémicos y denunciantes, Ruiz es reticente y sarcástico. "Yo hago mis películas, no tengo problemas", esboza. A los pocos segundos responde serio: "Tuvimos que darle el premio a Moore (Michael) en Cannes. Hay que aceptar este tipo de documentales, pero hay que reconocer que están muy formateados, buscan la curva del éxito. Es un documental bastante publicitario". Luego, le baja un poco el perfil a sus comentarios diciendo: "Cuando Michael Moore dice seriamente que Bush es nocivo para el país, yo digo O.K. Pero no puedo dejar de pensar en cuantas hamburguesas se comió".

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