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Realizan estudio sobre las ferias libres y su relación con el transporte de pasajeros

      
A pesar de su carácter temporal e itinerante, las ferias libres son uno de los elementos que estructuran la vida de la ciudad. En el total de posturas que se repiten semanalmente en el Gran Santiago -que corresponden a las diferentes localizaciones que asumen grupos organizados de feriantes- se transan la mayor cantidad de frutas y verduras que consume la población y alrededor de la mitad de los pescados y mariscos. Algunas tan antiguas como la Martínez de Rozas y la Diez de Julio, que nacieron hace más de 70 años, y otras, y con extensiones que pueden llegar a las 28 cuadras de largo, las ferias y persas constituyen un fenómeno fuertemente valorado y arraigado en la sociedad chilena.

Hasta ahora no existía información de organismos públicos que diera cuenta de características como las dimensiones, número de puesto, relación con la ciudadanía o conflictos asociados a su funcionamiento. El tema nunca ha sido considerado en los planes reguladores, ni en el diseño de vialidad urbana, ni en la organización del transporte público.

El año pasado, por encargo del Transantiago, se dio la partida al primer estudio que describe las ferias de la Región Metropolitana, su entorno y su administración. El objetivo es diseñar planes de gestión que permitan resolver los conflictos que muchas tienen con el sistema de transporte de pasajeros.

La investigación, que comprende un catastro, un diagnóstico y un plan de manejo de las ferias libres y persas, fue desarrollada por un equipo del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales y del Observatorio de Ciudades de la Pontificia Universidad Católica de Chile, liderado por el profesor Roberto Moris.

El estudio detectó 394 posturas de ferias (quedó fuera una de la Legua Emergencia por razones de seguridad) y 639 eventos semanales en las 34 comunas del Gran Santiago. De ellas, 167 corresponden a ferias libres, 14 a persas y 213 tienen carácter mixto. Mientras las primeras están conformadas por comerciantes de productos alimenticios, además de artículos para el hogar bazar paquetería y ropa; los persas se concentran exclusivamente en artículos de uso personal o para el hogar. En total se estimó que en ellos trabajan unos 163 mil 200 feriantes.

En terreno se catastraron poco más de 60 mil puestos formales, que cuentan con autorización municipal y pagan patentes, y 47 mil informales, conocidos como coleros. Moris explica que estos comerciantes no autorizados son uno de los grandes problemas que plantean las ferias a las autoridades. “Una cosa es que te puedas poner de acuerdo como municipio o el mismo Transantigo con la organización de los feriantes y que ellos se comprometan a ciertas cosas, y otra distinta es la gente que llega y que se pone donde termina la feria y que en algunos lugares es más grande que ésta”, dice.

Las comunas que presentan una mayor concentración de posturas tienen un perfil socioeconómico medio o medio-bajo: Puente Alto, con 53; La Florida, con 26 y Maipú con 22. Puente Alto también tiene el récord en tamaño de feria: la feria persa Cordillera tiene una extensión de 2 mil 820 metros. En contraste, en Huechuraba, Providencia, Vitacura y Lo Barnechea existen entre dos y tres ferias por comuna y su extensión es reducida.

Moris explica que el catastro en terreno, los antecedentes proporcionados por los municipios y las encuestas aplicadas a los dirigentes feriales, vecinos y usuarios les permitió establecer las zonas de mayores conflictos y proponer un sistema de gestión de ferias y transporte público. “Una las conclusiones importantes del estudio es que las ferias son un fenómeno estructural de la ciudad. Por mucho que sean individuales y temporales se transforma en una condición permanente que va a seguir y que tiene un impacto”, señala.

El plan de manejo se basa en acordar principios de convivencia referidos a temas como asegurar que haya más permeabilidad en la superficie que ocupan las ferias. Se busca garantizar el acceso a los paraderos y el despeje de los cruces de las vialidades más importantes. En algunos casos se plantean propuestas específicas, por ejemplo un diseño de estructuras más livianas que permitan a las ferias funcionar con lluvia. La idea del equipo es que la información de interés público recopilada quede a disposición de la ciudadanía en un sitio web.

Los expertos de la UC también proponen que los planes de gestión deben restringirse al ámbito formal de las ferias porque consideran que el fenómeno de los “coleros” es muy complejo de manejar. "Más que restringir, se trata de llegar a acuerdos porque estas ferias van a seguir funcionando, van a seguir creciendo, van a seguir teniendo demanda. Además tienen que haber buenas prácticas. Algunos municipios podrían aprender de gestiones que han hecho otros”, aclara Moris, quien destaca en este sentido los casos de Puente Alto y Peñalolén.

Edición: Universia / RR

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