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Trastornos alimentarios: Enfermedades que avanzan en silencio

      
<p><font color=#ff0000><strong><a href=https://universitarios.universia.cl/ target=_blank>Visita nuestra sección Universitarios </a>y síguenos en Twitter: @UniversiaChile</strong></font></p><p> Hace un par de décadas, los trastornos alimentarios eran tratados casi de forma exclusiva por nutricionistas. Sin embargo, el constante crecimiento de estos casos ha obligado a replantearse el tratamiento. Actualmente los pacientes son atendidos por un cuerpo multidisciplinario que integra a médicos internistas, psicólogos y psiquiatras.<br/><br/> Y es que el problema se ha hecho más complejo, pues al enfoque netamente nutricional se han tenido que sumar especialistas que analicen las aristas socioculturales, psicológicas e incluso genéticas que tienen estas enfermedades. Para la mayoría de los expertos la rigidez en los patrones estéticos de la sociedad moderna y la baja autoestima de quienes padecen estas patologías son los factores más importantes.<br/><strong><br/> Datos para tener en cuenta</strong><br/><br/> De hecho, el propio <a href=https://www.minsal.cl target=_blank><strong>Ministerio de Salud</strong></a> (Minsal) informó en 2008 que las personas tratadas por anorexia o bulimia en el Programa de Salud Mental habían aumentado un 97% en dos años, siendo el segmento etario entre los 10 y 19 años los que presentaron el incremento más importante: un 115%.  <br/><br/> Otro dato importante digno de destacar es que estas enfermedades se presentan preferentemente en mujeres jóvenes (sólo el 10% son hombres). En números se estima que en Chile 70 mil mujeres entre 14 y 30 años sufren anorexia y cerca de 400 mil de bulimia.<br/><br/> Según un informe de la doctora del Departamento de Pediatría de la <a href=https://www.uc.cl target=_blank><strong>Universidad Católica</strong></a>, Pascuala Urrejola, fechado hace un par de año, el promedio de edad de las pacientes con anorexia es de 13,7 años, en un rango de edad entre los 10 y 25 años. La bulimia, en tanto, también suele manifestarse al final de la adolescencia y en el comienzo de la vida adulta. <br/><strong><br/> Un cuarto de la población en riesgo</strong><br/><br/> Para la directora del Departamento de Bromatología, Nutrición y Dietética de la <a href=https://www.udec.cl target=_blank><strong>Universidad de Concepción</strong></a>, María Salomé Torres, el crecimiento de estas enfermedades entre la población joven es un tema preocupante. “Entre un 5 y un 10 por ciento de las personas padecen este problema, y es un número que va en aumento”, además advierte que “entre un 25 y un 30 por ciento de los chilenos están en riesgo de llegar a padecer de bulimia o anorexia”.<br/><br/> Las cifras por si solas son alarmantes y más aún si estudios recientes han planteado que estas patologías son trasversales. Según la docente, la UDEC realizó estudios en distintos colegios de Concepción que arrojaron como resultado que estas enfermedades se presentan de igual forma en los distintos niveles socioeconómicos. Esto en clara oposición a quienes creen que estos males se dan principalmente en los segmentos más favorecidos.<br/> En cuanto a definir quienes son anoréxicos o bulímicos, Torres señaló que los primeros son personas que “no se conforman con su imagen, porque su ideal no se relaciona  nunca con lo que ven de sí mismos. Están obsesionados por tener un peso que para ellos es el adecuado”. En el caso de los bulímicos, son pacientes que “les gusta comer, pero quieren ser delgados. Para eliminar lo que ingieren se provocan vómitos o diarreas”.<br/><br/> Estas prácticas, obviamente, repercuten de forma negativa en la salud, pudiendo provocar desbalances metabólicos por la carencia de vitaminas y minerales, problemas gastrointestinales, desgaste del esmalte dental y de las encías, desnutrición grave e incluso la muerte por paro cardiorespiratorio en el caso de la anorexia. A eso se suman secuelas endocrinológicas, hematológicas, nerviosas y psiquiátricas. <br/><strong><br/> Enfrentando el problema</strong><br/><br/> En un intento por crear conciencia de lo complicado de estas enfermedades, la Universidad de Concepción desde el 2006 viene impartiendo un curso de carácter electivo complementario, válido para todas las carreras de esta casa de estudios. <br/><br/> El ramo, llamado nutrición y conducta alimentaria, tiene por objeto entregarles a los alumnos las herramientas necesarias para que puedan identificar y diagnosticar a personas en riesgo de padecer de una estas enfermedades. Además, les otorga las competencias para poder brindar atención dietética y/o dietoterapeútica a posibles pacientes.     <br/><br/> Torres aclara que tanto la anorexia como la bulimia son patologías crónicas, es decir que las personas que las sufren pueden contralarlas, pero jamás podrán curarse. De ahí la importancia del trabajo preventivo que realiza la universidad penquista por medio de este curso.               <br/><br/>   </p>

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Hace un par de décadas, los trastornos alimentarios eran tratados casi de forma exclusiva por nutricionistas. Sin embargo, el constante crecimiento de estos casos ha obligado a replantearse el tratamiento. Actualmente los pacientes son atendidos por un cuerpo multidisciplinario que integra a médicos internistas, psicólogos y psiquiatras.

Y es que el problema se ha hecho más complejo, pues al enfoque netamente nutricional se han tenido que sumar especialistas que analicen las aristas socioculturales, psicológicas e incluso genéticas que tienen estas enfermedades. Para la mayoría de los expertos la rigidez en los patrones estéticos de la sociedad moderna y la baja autoestima de quienes padecen estas patologías son los factores más importantes.

Datos para tener en cuenta


De hecho, el propio Ministerio de Salud (Minsal) informó en 2008 que las personas tratadas por anorexia o bulimia en el Programa de Salud Mental habían aumentado un 97% en dos años, siendo el segmento etario entre los 10 y 19 años los que presentaron el incremento más importante: un 115%. 

Otro dato importante digno de destacar es que estas enfermedades se presentan preferentemente en mujeres jóvenes (sólo el 10% son hombres). En números se estima que en Chile 70 mil mujeres entre 14 y 30 años sufren anorexia y cerca de 400 mil de bulimia.

Según un informe de la doctora del Departamento de Pediatría de la Universidad Católica, Pascuala Urrejola, fechado hace un par de año, el promedio de edad de las pacientes con anorexia es de 13,7 años, en un rango de edad entre los 10 y 25 años. La bulimia, en tanto, también suele manifestarse al final de la adolescencia y en el comienzo de la vida adulta.

Un cuarto de la población en riesgo


Para la directora del Departamento de Bromatología, Nutrición y Dietética de la Universidad de Concepción, María Salomé Torres, el crecimiento de estas enfermedades entre la población joven es un tema preocupante. “Entre un 5 y un 10 por ciento de las personas padecen este problema, y es un número que va en aumento”, además advierte que “entre un 25 y un 30 por ciento de los chilenos están en riesgo de llegar a padecer de bulimia o anorexia”.

Las cifras por si solas son alarmantes y más aún si estudios recientes han planteado que estas patologías son trasversales. Según la docente, la UDEC realizó estudios en distintos colegios de Concepción que arrojaron como resultado que estas enfermedades se presentan de igual forma en los distintos niveles socioeconómicos. Esto en clara oposición a quienes creen que estos males se dan principalmente en los segmentos más favorecidos.
En cuanto a definir quienes son anoréxicos o bulímicos, Torres señaló que los primeros son personas que “no se conforman con su imagen, porque su ideal no se relaciona  nunca con lo que ven de sí mismos. Están obsesionados por tener un peso que para ellos es el adecuado”. En el caso de los bulímicos, son pacientes que “les gusta comer, pero quieren ser delgados. Para eliminar lo que ingieren se provocan vómitos o diarreas”.

Estas prácticas, obviamente, repercuten de forma negativa en la salud, pudiendo provocar desbalances metabólicos por la carencia de vitaminas y minerales, problemas gastrointestinales, desgaste del esmalte dental y de las encías, desnutrición grave e incluso la muerte por paro cardiorespiratorio en el caso de la anorexia. A eso se suman secuelas endocrinológicas, hematológicas, nerviosas y psiquiátricas.

Enfrentando el problema


En un intento por crear conciencia de lo complicado de estas enfermedades, la Universidad de Concepción desde el 2006 viene impartiendo un curso de carácter electivo complementario, válido para todas las carreras de esta casa de estudios.

El ramo, llamado nutrición y conducta alimentaria, tiene por objeto entregarles a los alumnos las herramientas necesarias para que puedan identificar y diagnosticar a personas en riesgo de padecer de una estas enfermedades. Además, les otorga las competencias para poder brindar atención dietética y/o dietoterapeútica a posibles pacientes.    

Torres aclara que tanto la anorexia como la bulimia son patologías crónicas, es decir que las personas que las sufren pueden contralarlas, pero jamás podrán curarse. De ahí la importancia del trabajo preventivo que realiza la universidad penquista por medio de este curso.              

 


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