text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

"Los chilenos somos los reyes de la atenuación", asegura experta en lingüística

      
<p>“Disculpe… ¿podría, por favor, juntar un poquitito la puerta? Perdone, ah… es que igual hace un poquito de frío…” Con esta humilde petición y en un hilo de voz, una mujer de no más de 35 años acompañada por otra de similar edad le solicitaba cerrar la puerta de un restaurante a un hombre que al salir la dejó abierta de par en par, permitiendo que entrara un gélido viento, cuando los termómetros apenas se empinaban sobre los 4 grados Celsius. ¿Por qué la mujer no fue más asertiva? ¿Por qué no dijo, por ejemplo, ‘Por favor, cierre la puerta’? ¿Extrema gentileza, vergüenza, temor a parecer agresiva? Es posible que la respuesta correcta sea: todas las anteriores.</p><p> </p><p><span style=color: #ff0000;><strong>Lee también</strong></span><br/><a style=color: #666565; text-decoration: none; title=El español es el idioma más feliz del mundo href=https://noticias.universia.cl/actualidad/noticia/2014/08/31/1110630/espanol-idioma-feliz-mundo.html>» <strong>El español es el idioma más feliz del mundo</strong></a><br/><a style=color: #666565; text-decoration: none; title=5 trucos para aprender un nuevo idioma href=https://noticias.universia.cl/empleo/noticia/2015/03/11/1121290/5-trucos-aprender-nuevo-idioma.html>» <strong>5 trucos para aprender un nuevo idioma</strong></a> </p><p>Para <strong>Juana Puga</strong>, Directora de la Escuela de Pedagogía en Lengua Castellana y Literatura de la <a href=https://www.universia.cl/universidades/universidad-las-americas/in/28176>Universidad de las Américas</a> (UDLA), ejemplos como este dan cuenta claramente de una de las <strong>características típicas de nuestra forma de hablar en Chile</strong>: la atenuación, es decir, todas aquellas palabras, expresiones y formas que usamos para decir algo sin parecer mal educados o para no ofender al interlocutor. </p><p>“La <strong>atenuación en el castellano de Chile</strong>: un enfoque pragmalingüístico”, es uno de los libros que ha escrito la académica -Doctora en Filología Española de la <a href=https://www.universia.es/universidades/universitat-valencia/in/10018>Universidad de Valencia</a>- y en los que aborda en detalle esta particular manera de hablar de los latinoamericanos, donde los diminutivos, las palabras inventadas o variaciones como ‘maometano’, ‘porfis’ o ‘amigui’ y el uso de un tono de voz extremadamente amable reinan en nuestras conversaciones.</p><p>¿De dónde surgió el interés de Juana Puga por estudiar la atenuación? La académica cuenta que “cuando comencé mi doctorado en Valencia, me llamaba la atención lo fuerte que solían hablar los españoles, lo directos que eran, lo generalizado que estaba el tuteo, lo frecuente que eran las interrupciones en sus conversaciones. Todo eso a menudo los hacía parecer imponentes y, a veces, mal educados ante mis ojos y los de los latinoamericanos. Esta fue la motivación que me impulsó a investigar el modo en que se manifiestan en nuestra lengua ‘común’ esta diferencia. En España, la relación entre personas que no se conocían era llana y directa. El tuteo, que refleja relaciones solidarias e igualitarias, estaba muy generalizado. La gente convivía de un modo natural y sin el miedo y la desconfianza que nos caracterizan en Chile. Por ejemplo, la joven que hacía aseo en mi departamento en Valencia una vez me dijo ‘Juana, no irás a salir con esa blusa, porque te sienta fatal’. Aquí en Chile posiblemente la hubiera despedido por indiscreta. En España, la grababa para mi tesis”, comenta riendo la profesora.</p><p>En su libro, Puga responde tres preguntas en relación a la atenuación,<strong> ¿cómo atenúa el hablante?, ¿qué debe ser atenuado? y ¿por qué atenúa el hablante?</strong> Para dar cuenta de la primera, fue haciendo un registro de los que llama ‘recursos de atenuación’: diminutivos, eufemismos, lítotes, como, tal vez, peguntas, el condicional, oraciones impersonales, etc. Para responder a la segunda pregunta, fue tomando los elementos que eran atenuados y buscaba lo que había entre ellos de común: temas tabú, órdenes y peticiones, críticas, etc. La tercera pregunta, la llevó a proyectar la investigación hacia otras disciplinas, luego de que surgiera la interrogante clave que la lingüística no era capaz responder más que de un modo general: ¿por qué los chilenos y los hispanoamericanos atenúan más que los españoles?</p><p>“En ese punto, había que asomarse a la historia, a la sociología, a la antropología. Mi directora de tesis accedió a que me asesorara el antropólogo José Luis García, catedrático de la <a href=https://www.universia.es/universidades/universidad-complutense-madrid/in/10010>Universidad Complutense de Madrid</a>. Asimismo, contaba con el apoyo del lingüista y antropólogo peruano, Alfredo Torero, que estaba trabajando en la Universidad de Valencia. Entre los investigadores chilenos, trabajé con textos de la antropóloga Sonia Montecinos, del psicólogo Jorge Gissi, del filósofo Humberto Giannini y del biólogo Humberto Maturana”, detalla.</p><p>“En mi modelo respondo de un modo general a la pregunta ¿qué atenúa el hablante?, a partir de la teoría de la imagen, de Goffman: el hablante atenúa lo que para el interlocutor puede significar una molestia, porque supone una intromisión en su territorio. Pero además de salvaguardar la imagen del interlocutor, debe salvaguardar la suya como hablante. Es por esto que los actos de habla directivos (órdenes, peticiones) requieren de atenuación. Aunque otras veces la atenuación responde a que el hablante desconoce el tema del que habla, a su incapacidad de ser preciso o a que pertenece a una comunidad lingüística en la que la forma de hablar atenuada se impone y él adopta esta forma sin detenerse a pensarlo”, explica la autora.</p><p><strong>La atenuación en Chile</strong></p><p>“No se ha hecho un macroestudio en el castellano de todo el país, para averiguar qué recurso de la atenuación es el que más usamos. Lo que sí puedo mencionar es que hay recursos más evidentes que otros. Siempre escuché decir que los chilenos hablamos en chiquitito y que somos los reyes de los eufemismos, ambos, elementos característicos de la atenuación. Es lo primero que vi cuando comencé a hacer la investigación. La creatividad lingüística de los chilenos no tiene límite y como nuestra necesidad de atenuar el castellano es tan grande, siempre están apareciendo nuevas formas de hacerlo. A los chilenos nos importa mucho el qué dirán y la opinión de los demás, también por eso atenuamos. ¡Los chilenos somos los reyes de la atenuación!”, sostiene riendo la académica.</p><p>¿Cuándo se vuelve negativo el uso de la atenuación? Juana Puga es tajante en responder: <strong>“Cuando sacrifica la asertividad, porque entorpece la comunicación y enturbia las relaciones.</strong> Recuerdo un ejemplo que raya en el absurdo: hace años postulé al cargo de jefa académica en un colegio. Muchos días después, la mujer que me entrevistó y a quien solo vi esa vez, me envió un correo electrónico efusivo, con múltiples halagos y disculpas por no escribir antes. Se comprometía a buscar opciones para mí, si resultaba no ser la favorecida. Me anunciaba que no se había resuelto aún la postulación, aunque, decía, el hecho de que yo no hubiera estado vinculada a los procesos internos de un colegio era un punto bien importante. Después, aseguraba que me mantendría informada. Pero nunca más me escribió. En este caso, hubo atenuación. En ninguna parte del correo dijo explícitamente que yo había sido rechazada. Solo decía que ‘no haber estado vinculada a los procesos internos de un colegio era un punto bien importante’. Nunca supe si eso era un ‘punto importante’ a favor o en contra”.</p><p>La profesora explica que era evidente que la habían rechazado para el cargo y que en casos como este, se necesita y se espera una <strong>respuesta profesional, formal y asertiva</strong>. “En ese episodio, el uso de tanta atenuación fue una grosería, una falta de respeto, una auténtica tomadura de pelo”.</p><p>Otro ejemplo de esto, agrega, “me sucedió cuando trabajé con estudiantes de la Universidad de California que llegaban a la Región del Biobío a aprender español. Los estudiantes se mostraban muy sorprendidos cuando veían que al aeropuerto los iba a recibir en pleno ‘su familia chilena’ que los hospedaría: papá, mamá, hijos, abuelos y hasta mascotas. Sin embargo, cuando los estudiantes se atrasaban en el pago de la mensualidad, por ejemplo, el conflicto no se resolvía de forma directa y clara entre ellos y su familia, sino que las ‘mamás’ chilenas eran incapaces de cobrarles a los estudiantes y nos pedían a los encargados del programa que lo hiciéramos.</p><p>Algo similar sucedía cuando el estudiante que buscaba hospedaje era asiático. “Ciertas familias nos decían que les encantaba conocer y convivir con personas de otras culturas, pero un número significativo de mamás chilenas contestaban de un modo atenuado: ‘pucha…mira…yo no soy racista ni nada de eso, pero… es que tenemos costumbres tan diferentes…yo… preferiría que no sea asiático’. Desde la primera palabra uno ya sabía cuál sería la respuesta. Lo demás era pura atenuación para justificarse. Como he dicho, en determinadas circunstancias<strong> la atenuación y la falta de asertividad pueden causar mucho daño</strong> y solo enturbian las cosas y crean confusión”, expresa Puga.</p><p>La lingüista agrega que la atenuación sirve también para protegerse: “Una de las razones que explica que la atenuación sea más frecuente en el castellano de Chile que en el español peninsular -o al menos que en el que conocí en Valencia- es la gran <strong>estratificación social de nuestro país.</strong> Aquí, todos tenemos que cuidarnos de todos. La España que me tocó conocer era una sociedad mucho más igualitaria. Pero aparte de esta diferencia evidente, hay una relación entre la atenuación y nuestra idiosincrasia. Para explicarla, debemos abrirle la puerta especialistas en otras disciplinas”.</p><p>Por eso es que para la versión recientemente publicada en Chile de la tesis, la académica le pidió el prólogo al sociólogo Jorge Larraín, reconocido por sus estudios sobre la identidad de los chilenos. En ese texto, el profesional establece un<strong> paralelo entre la atenuación y la simulación.</strong> Los conquistadores españoles, dice Larraín, incumplían las leyes ideadas en la remota España, aunque las reverenciaban. Esta actitud se amparaba en la fórmula tradicional de ‘se acata, pero no se cumple’, aplicada indefectiblemente, para eludir las leyes que protegían a los nativos de los abusos de los conquistadores. Todo esto explicaría el origen de nuestra tendencia a la simulación. Los indígenas, por su parte, obligados a renunciar a su religión y a sus costumbres, simulaban acatar las normas que les venían impuestas por los conquistadores, atenuando el castellano, mientras que, en secreto, mantenían su propia lengua y sus rituales.</p><p>Según Juana Puga, “eso puede ser un antecedente y favorecer lo que ha sido y es la atenuación en nuestro castellano. Sin duda alguna, la historia, la antropología, la psicología, el influjo de las lenguas de sustrato y el de las lenguas en contacto tendrán mucho que decir en este sentido. La puerta de la atenuación quedará siempre abierta a nuevas investigaciones”.</p><p>Al igual que la puerta del restaurante…</p>
Fuente: UDLA

“Disculpe… ¿podría, por favor, juntar un poquitito la puerta? Perdone, ah… es que igual hace un poquito de frío…” Con esta humilde petición y en un hilo de voz, una mujer de no más de 35 años acompañada por otra de similar edad le solicitaba cerrar la puerta de un restaurante a un hombre que al salir la dejó abierta de par en par, permitiendo que entrara un gélido viento, cuando los termómetros apenas se empinaban sobre los 4 grados Celsius. ¿Por qué la mujer no fue más asertiva? ¿Por qué no dijo, por ejemplo, ‘Por favor, cierre la puerta’? ¿Extrema gentileza, vergüenza, temor a parecer agresiva? Es posible que la respuesta correcta sea: todas las anteriores.

 

Lee también
» El español es el idioma más feliz del mundo
» 5 trucos para aprender un nuevo idioma 

Para Juana Puga, Directora de la Escuela de Pedagogía en Lengua Castellana y Literatura de la Universidad de las Américas (UDLA), ejemplos como este dan cuenta claramente de una de las características típicas de nuestra forma de hablar en Chile: la atenuación, es decir, todas aquellas palabras, expresiones y formas que usamos para decir algo sin parecer mal educados o para no ofender al interlocutor. 

“La atenuación en el castellano de Chile: un enfoque pragmalingüístico”, es uno de los libros que ha escrito la académica -Doctora en Filología Española de la Universidad de Valencia- y en los que aborda en detalle esta particular manera de hablar de los latinoamericanos, donde los diminutivos, las palabras inventadas o variaciones como ‘maometano’, ‘porfis’ o ‘amigui’ y el uso de un tono de voz extremadamente amable reinan en nuestras conversaciones.

¿De dónde surgió el interés de Juana Puga por estudiar la atenuación? La académica cuenta que “cuando comencé mi doctorado en Valencia, me llamaba la atención lo fuerte que solían hablar los españoles, lo directos que eran, lo generalizado que estaba el tuteo, lo frecuente que eran las interrupciones en sus conversaciones. Todo eso a menudo los hacía parecer imponentes y, a veces, mal educados ante mis ojos y los de los latinoamericanos. Esta fue la motivación que me impulsó a investigar el modo en que se manifiestan en nuestra lengua ‘común’ esta diferencia. En España, la relación entre personas que no se conocían era llana y directa. El tuteo, que refleja relaciones solidarias e igualitarias, estaba muy generalizado. La gente convivía de un modo natural y sin el miedo y la desconfianza que nos caracterizan en Chile. Por ejemplo, la joven que hacía aseo en mi departamento en Valencia una vez me dijo ‘Juana, no irás a salir con esa blusa, porque te sienta fatal’. Aquí en Chile posiblemente la hubiera despedido por indiscreta. En España, la grababa para mi tesis”, comenta riendo la profesora.

En su libro, Puga responde tres preguntas en relación a la atenuación, ¿cómo atenúa el hablante?, ¿qué debe ser atenuado? y ¿por qué atenúa el hablante? Para dar cuenta de la primera, fue haciendo un registro de los que llama ‘recursos de atenuación’: diminutivos, eufemismos, lítotes, como, tal vez, peguntas, el condicional, oraciones impersonales, etc. Para responder a la segunda pregunta, fue tomando los elementos que eran atenuados y buscaba lo que había entre ellos de común: temas tabú, órdenes y peticiones, críticas, etc. La tercera pregunta, la llevó a proyectar la investigación hacia otras disciplinas, luego de que surgiera la interrogante clave que la lingüística no era capaz responder más que de un modo general: ¿por qué los chilenos y los hispanoamericanos atenúan más que los españoles?

“En ese punto, había que asomarse a la historia, a la sociología, a la antropología. Mi directora de tesis accedió a que me asesorara el antropólogo José Luis García, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Asimismo, contaba con el apoyo del lingüista y antropólogo peruano, Alfredo Torero, que estaba trabajando en la Universidad de Valencia. Entre los investigadores chilenos, trabajé con textos de la antropóloga Sonia Montecinos, del psicólogo Jorge Gissi, del filósofo Humberto Giannini y del biólogo Humberto Maturana”, detalla.

“En mi modelo respondo de un modo general a la pregunta ¿qué atenúa el hablante?, a partir de la teoría de la imagen, de Goffman: el hablante atenúa lo que para el interlocutor puede significar una molestia, porque supone una intromisión en su territorio. Pero además de salvaguardar la imagen del interlocutor, debe salvaguardar la suya como hablante. Es por esto que los actos de habla directivos (órdenes, peticiones) requieren de atenuación. Aunque otras veces la atenuación responde a que el hablante desconoce el tema del que habla, a su incapacidad de ser preciso o a que pertenece a una comunidad lingüística en la que la forma de hablar atenuada se impone y él adopta esta forma sin detenerse a pensarlo”, explica la autora.

La atenuación en Chile

“No se ha hecho un macroestudio en el castellano de todo el país, para averiguar qué recurso de la atenuación es el que más usamos. Lo que sí puedo mencionar es que hay recursos más evidentes que otros. Siempre escuché decir que los chilenos hablamos en chiquitito y que somos los reyes de los eufemismos, ambos, elementos característicos de la atenuación. Es lo primero que vi cuando comencé a hacer la investigación. La creatividad lingüística de los chilenos no tiene límite y como nuestra necesidad de atenuar el castellano es tan grande, siempre están apareciendo nuevas formas de hacerlo. A los chilenos nos importa mucho el qué dirán y la opinión de los demás, también por eso atenuamos. ¡Los chilenos somos los reyes de la atenuación!”, sostiene riendo la académica.

¿Cuándo se vuelve negativo el uso de la atenuación? Juana Puga es tajante en responder: “Cuando sacrifica la asertividad, porque entorpece la comunicación y enturbia las relaciones. Recuerdo un ejemplo que raya en el absurdo: hace años postulé al cargo de jefa académica en un colegio. Muchos días después, la mujer que me entrevistó y a quien solo vi esa vez, me envió un correo electrónico efusivo, con múltiples halagos y disculpas por no escribir antes. Se comprometía a buscar opciones para mí, si resultaba no ser la favorecida. Me anunciaba que no se había resuelto aún la postulación, aunque, decía, el hecho de que yo no hubiera estado vinculada a los procesos internos de un colegio era un punto bien importante. Después, aseguraba que me mantendría informada. Pero nunca más me escribió. En este caso, hubo atenuación. En ninguna parte del correo dijo explícitamente que yo había sido rechazada. Solo decía que ‘no haber estado vinculada a los procesos internos de un colegio era un punto bien importante’. Nunca supe si eso era un ‘punto importante’ a favor o en contra”.

La profesora explica que era evidente que la habían rechazado para el cargo y que en casos como este, se necesita y se espera una respuesta profesional, formal y asertiva. “En ese episodio, el uso de tanta atenuación fue una grosería, una falta de respeto, una auténtica tomadura de pelo”.

Otro ejemplo de esto, agrega, “me sucedió cuando trabajé con estudiantes de la Universidad de California que llegaban a la Región del Biobío a aprender español. Los estudiantes se mostraban muy sorprendidos cuando veían que al aeropuerto los iba a recibir en pleno ‘su familia chilena’ que los hospedaría: papá, mamá, hijos, abuelos y hasta mascotas. Sin embargo, cuando los estudiantes se atrasaban en el pago de la mensualidad, por ejemplo, el conflicto no se resolvía de forma directa y clara entre ellos y su familia, sino que las ‘mamás’ chilenas eran incapaces de cobrarles a los estudiantes y nos pedían a los encargados del programa que lo hiciéramos.

Algo similar sucedía cuando el estudiante que buscaba hospedaje era asiático. “Ciertas familias nos decían que les encantaba conocer y convivir con personas de otras culturas, pero un número significativo de mamás chilenas contestaban de un modo atenuado: ‘pucha…mira…yo no soy racista ni nada de eso, pero… es que tenemos costumbres tan diferentes…yo… preferiría que no sea asiático’. Desde la primera palabra uno ya sabía cuál sería la respuesta. Lo demás era pura atenuación para justificarse. Como he dicho, en determinadas circunstancias la atenuación y la falta de asertividad pueden causar mucho daño y solo enturbian las cosas y crean confusión”, expresa Puga.

La lingüista agrega que la atenuación sirve también para protegerse: “Una de las razones que explica que la atenuación sea más frecuente en el castellano de Chile que en el español peninsular -o al menos que en el que conocí en Valencia- es la gran estratificación social de nuestro país. Aquí, todos tenemos que cuidarnos de todos. La España que me tocó conocer era una sociedad mucho más igualitaria. Pero aparte de esta diferencia evidente, hay una relación entre la atenuación y nuestra idiosincrasia. Para explicarla, debemos abrirle la puerta especialistas en otras disciplinas”.

Por eso es que para la versión recientemente publicada en Chile de la tesis, la académica le pidió el prólogo al sociólogo Jorge Larraín, reconocido por sus estudios sobre la identidad de los chilenos. En ese texto, el profesional establece un paralelo entre la atenuación y la simulación. Los conquistadores españoles, dice Larraín, incumplían las leyes ideadas en la remota España, aunque las reverenciaban. Esta actitud se amparaba en la fórmula tradicional de ‘se acata, pero no se cumple’, aplicada indefectiblemente, para eludir las leyes que protegían a los nativos de los abusos de los conquistadores. Todo esto explicaría el origen de nuestra tendencia a la simulación. Los indígenas, por su parte, obligados a renunciar a su religión y a sus costumbres, simulaban acatar las normas que les venían impuestas por los conquistadores, atenuando el castellano, mientras que, en secreto, mantenían su propia lengua y sus rituales.

Según Juana Puga, “eso puede ser un antecedente y favorecer lo que ha sido y es la atenuación en nuestro castellano. Sin duda alguna, la historia, la antropología, la psicología, el influjo de las lenguas de sustrato y el de las lenguas en contacto tendrán mucho que decir en este sentido. La puerta de la atenuación quedará siempre abierta a nuevas investigaciones”.

Al igual que la puerta del restaurante…


Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.