Monday :: 28 / 07 / 2014

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Medicina ancestral mapuche e investigación biotecnológica universitaria tras cura para el cáncer

Especialistas de la Universidad Andrés Bello Viña del Mar lograron aislar compuesto anticancerígeno del arbusto Leptocarpha rivularis, usado por los indígenas para males estomacales. El Estudio "Drogas antineoplásicas aisladas de plantas autóctonas" se realiza en laboratorios del Departamento de Química de dicha Casa de Estudios.


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Una planta usada ancestralmente por la medicina mapuche abre certeras expectativas para cientos de pacientes enfermos de cáncer producto de los resultados de prolongados experimentos que realizan investigadores de la Universidad Andrés Bello Viña del Mar desde hace 20 años y que se encuentran en etapa avanzada de estudios.

Se trata de un proyecto multidisciplinario en el que participan investigadores de las UNAB y Universidad Austral de Chile, así como personal médico del Hospital Barros Luco que se encarga de aportar muestras tumorales para obtener cultivos celulares primarios.

Se trata del arbusto Leptocarpha rivularis, conocido en lengua popular como “palito negro”, cuyas propiedades examina un equipo encabezado por el profesor Rolando Martínez, quien logró aislar dos compuestos naturales de esa especie y por transformaciones sintéticas obtuvo dos más. El propósito es determinar el tratamiento y probable cura de ciertos tipos de cáncer, gracias a un proyecto de la Dirección de Investigación de esta Casa de Estudios para el período 2008-2009 que ha permitido trabajar con la leptocarpina, metabolito generado en forma natural por la planta y que presentó la mayor actividad anticancerígena.

La acción del derivado químico antineoplásico consiste en provocar un stress (una presión) en la célula enferma que inmediatamente activa los genes encargados de su reparación y de regular el ciclo celular del DNA. Explica el profesor del Departamento de Química de la Universidad Andrés Bello que cuando no hay posibilidad de reparación entran a actuar los genes proapoptóticos (los genes que se encargan de la muerte celular) y los genes antiapoptóticas (cuya misión es mantener la célula viva). En los casos que predomina el gen proapoptotico, muere la célula. Sin embargo, lo significativo es que las células sanas no son afectadas por este sistema.

El profesor Martínez lo expone así: “La exposición de células a estrés genotóxico provoca la activación de la vía proteína quinasa (SAPK) e inducción de las enzimas de reparación del ADN y de proteínas reguladoras del ciclo celular, tales como p53 y p21waf1. La proteína supresora tumoral p53 transmite señales que activan la expresión génica p21waf1. La proteína p21waf1 entonces limita la progresión del ciclo celular, dejando así tiempo para que se produzca la reparación del ADN.

El profesor Martínez reseña que una primera acción fue tratar células cancerosas enfermas con cuatro drogas, dos naturales aisladas y otras dos sintéticas. Hubo éxito en la mayoría de las líneas celulares tratadas entre las que se pueden mencionar:

• HeLa cancer cérvico uterino
• NSO-2 Mieloma de raton
• A-375 Melanoma
• SK-Hept-1 Adenocarcinoma de hígado
• U937 Linfoma histiocítico
• HL-60 Leucemia mieloblástica

Paralelamente, se hizo estudios in vivo en ratas para comprobar la toxicidad de la droga y determinar los posibles efectos secundarios como por ejemplo si la droga es teratogénica, que son sustancias químicas que provocan alteraciones al feto. Los resultados fueron promisorios no encontrándose ningún efecto adverso al cabo de varios meses de tratamiento.
En esa etapa de la investigación se hizo un protocolo tipo fase clínica 2 (tratamiento de pacientes terminales). “Aún estábamos en las etapas iniciales, porque no sabíamos las dosis, pero comprobamos que mejoró la calidad de vida de los pacientes, se logró prolongar la vida en algunos casos y ese fue el punto de partida para tratar de encontrar el modo de acción de la droga, como funciona y a que nivel opera”, recuerda. Estos estudios involucran entre otros los siguientes aspectos:

• Efecto dosis respuesta de Leptocarpina por 24 h en diferentes líneas tumorales
• Efecto de Leptocarpina sobre eventos relacionados con apoptosis
• Efecto del tratamiento con leptocarpina (30 y 100 μM) por 24 h sobre la integridad del ADN en diferentes líneas tumorales
• Efecto del tratamiento con leptocarpina (30 y 100 μM) por 24 h sobre la activación de caspasa-3 en células HL-60 y U-937
• Efecto de Leptocarpina sobre la expresión de genes anti- y pro-apoptóticos

La tercera etapa de la investigación es más compleja pues requiere de pacientes con cáncer incipiente y en Chile casi no hay personas dispuestas a experimentar con la droga.

“En este momento, se abrió la posibilidad de que en el Hospital Barros Luco podamos utilizar el compuesto para tratar cáncer al cerebro. Se tratarán células de glioblastoma multiforme humano y si es posible, células cerebrales sanas para determinar que en su caso droga sea inocua. La idea en esta primera etapa consiste en obtener cultivos primarios de células tumorales cerebrales para estudios de citotoxicidad y además, a través de estos cultivos provocar cáncer cerebral en animales de laboratorio para hacer los estudios in vivo de la droga. Hasta ahora se ha hecho ese experimento con células de otros órganos como hígado y las sanas no han sido afectadas, solo las enfermas”, enfatiza el profesor Martínez.

Edición: Universia / RR


Fuente: Mineduc





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