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Niños de la calle, un problema universal

10/09/2008

En su primera visita a Chile, el holandés y terapeuta ocupacional Frank Kronenberg, co-fundador de la ONG Terapia Ocupacional Sin Fronteras, realizó en la Universidad Andrés Bello un análisis de la realidad de las pandillas y los niños que hacen de su calle un hogar. "Para mejorar esta situación, los jóvenes deben expresarse en forma lúdica, conectarse con quienes son, contar sus ideas, qué sueños tienen", recomendó el especialista.



El Servicio Nacional de Menores publicó en el 2004 una investigación cuyo propósito fue precisar un diagnóstico descriptivo de la magnitud de la situación de los niños y niñas de la calle en nuestro país.

El estudio, realizado durante el 2003, permitió detectar que una estimación de 1.039 niños y niñas se encuentran en situación de calle en el país, los que se distribuyen mayoritariamente en las regiones Metropolitana (330 casos), Octava (168 casos) y Quinta (164 casos).

El estudio constata que las niñas y niños caracterizados como niños de la calle desarrollan sus propias representaciones acerca de la sociedad en la que viven, los adultos con los cuales interactúan y las instituciones con las que se contactan.

El terapeuta ocupacional Frank Kronenberg, con una amplia experiencia en realidades de los jóvenes en situación de calle en Guatemala y, actualmente, en Sudáfrica, comentó la responsabilidad que tiene la sociedad para enfrentar esta situación en distintos países, como Chile.

En el seminario “Desarrollo e Implementación de terapia ocupacional con poblaciones marginadas desde una perspectiva ocupacional de la salud”, desarrollado en la Universidad Andrés Bello, el profesional hizo mención de su proyecto realizado en 2001 en Guatemala, país en el cual se dio muerte a miles de adolescentes. “Con la organización Casa Alianza pudimos darnos cuenta de una realidad muy dura. Había una cultura profunda de violencia por la guerra civil que se mantuvo por 36 años. El gobierno guatemalteco siguió la invitación de terminar con los terroristas y empezó, según ellos, con los terroristas en su propio país y ¿quiénes eran?, los pandilleros, los mareros. Para saber que eran uno de ellos, se fijaban que tuvieran tatuajes, usaran pantalones debajo de la cintura y que estuvieran en grupos de tres o cuatros en la calle. El gobierno designó un grupo de paramilitares para matar con metralletas y sin proceso de investigación. Eran chicos entre cinco a 18 años, otros de 30 años”, relató el profesional.

“El pueblo estaba dividido y habían pocas opciones para los jóvenes. Nuestro proyecto trató en trabajar el tema de los derechos humanos y derechos de los niños, concientizar a los jóvenes que entendieran que no era su culpa estar en las calles, sino que lo estaban por situaciones históricas, sociales, políticas”, agregó.

Factores de riesgo

Kronenberg destacó que existe una serie de factores que llevan a que los niños vean la calle como su hogar y nuevamente ejemplificó con lo estudiado en Guatemala. “Más del 50% de la población guatemalteca tenía menos de 18 años. Muchos perdieron a sus padres por la violencia de la guerra, por desastres naturales en aquella época. Muchos crecieron sin tener hogares y con las dificultades económicas. Las situaciones de familia eran muy difíciles y los jóvenes salían a la calle porque pensaban que era mejor opción que estar en sus casas. Veían como mejor opción formarse como mara. Hay una pandilla que se llama Mara Salvatrucha, que tiene su origen en San Salvador, muchos de ellos fueron ilegales a California y la única manera de sobrevivir en Estados Unidos fue a través de tráfico de drogas”, comentó.
Soluciones

Mejorar la condición de miles de niños en el mundo, depende de la sociedad. “A los jóvenes no los valoran, no les dan espacios. No existen oportunidades para todos. Se crea una sociedad en que están los buenos, los que cumplen, y los que no, los que no valen y están al margen. Pero ninguna persona disfruta estando en esta situación. Cada uno tiene que sentirse un ser humano, valorado, cada uno quiere ser amado y sentir pertenencia. Es más fácil decir que nosotros somos los buenos. Hay que comunicar no sólo en palabras sino que con hechos de que todos valemos”, explicó el holandés.

“En nuestro proyecto, trabajamos con payasos, creando espacios que les permita a los jóvenes expresarse en la forma que ellos prefieran, puede ser a través de graffitis, del rap, percusión, teatro, formas de expresión lúdicas, conectarse con quienes son, contar sus ideas, qué sueños tienen. Hay que humanizar la sociedad. No todos los jóvenes son terroristas”, dijo.

Chile aprende

La exclusión social de los niños y niñas de la calle en nuestro país no son sólo los que están únicamente en lugares centrales, como plazas públicas del centro de ciudades, estaciones de Metro o puentes. De acuerdo a lo encontrado por el estudio del SENAME en el 2003, el fenómeno se extiende a las propias poblaciones de las grandes ciudades, donde los niños y niñas transitan, constituyen sus caletas y se refugian en los territorios que les son más conocidos.

En nuestro país, poco a poco se comienza a tratar estos temas en forma más comprometida y profesional. Así lo destaca Alejandro Guajardo, docente de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, quien se refirió al futuro en investigación y trabajo de esta materia. “Nuestra Escuela está teniendo una posición estratégica para ver la terapia ocupacional en los grandes problemas sociales que están afectando a la sociedad chilena y al mundo. Queremos ver cómo nos incorporamos en aquellos sectores o grupos que están con más sufrimientos o mayores dificultades, las pandillas, muchas veces esos grupos operan como resultados de las propias condiciones de vida con las que han tenido que experimentar. La idea es cómo resignificar a las personas no como marginadas sino como individuos con derechos”, subrayó.

El desafío de los terapeutas nacionales trabajar con niños de la calle, niños abusados, gente con VIH, pero en sus propios espacios naturales y cotidianos.

Edición: Universia / RR


Fuente: Mineduc


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