Thursday :: 31 / 07 / 2014

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El paso del colegio a la universidad

Al ingresar a la educación superior es preciso alcanzar la madurez: constatar que las acciones propias tienen resultado e intervención en los demás.


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Por Chester Thomas

Decirle adiós al colegio y matricularse en una universidad no incluye solamente escribir dedicatorias en las camisas de los compañeros y esperar el mechoneo; también es el tránsito de la infancia a la madurez, ese abrirse al mundo y despertar a la vida de las responsabilidades, una línea muy compleja de determinar. ¿Cuándo aparece la madurez psicológica para ingresar a la universidad? ¿Cuándo se deja de ser colegial? ¿Qué hacer con una crisis vocacional? ¿Somos una sociedad de jóvenes inmaduros?

Para intentar responder éstas y otras preguntas, Universia conversó con Felipe Gallardo, psicólogo infanto-juvenil de la Universidad de Chile, quien hizo referencia a la importancia de la familia en el proceso de crecimiento psicológico y en el carácter de preocupación social que lo caracteriza. Asimismo, explicó que los jóvenes son inmaduros porque estamos en una sociedad depresiva, egoísta y poco asidua a la cultura.

-¿Cómo podemos describir el paso del período colegial a la edad universitaria?
-Aquella transición es una etapa de crisis por naturaleza. El joven se encuentra frente a un proceso de adaptación en que se le abre el mundo. Al ingresar a la educación superior debe ser más dueño de sí mismo y responsable. Cuando se pone en el rol de los padres y toma conciencia de lo que cuesta ganarse la vida; reconoce lo que significa llegar cansado a la casa, entonces, pasó a la siguiente etapa.

-¿Qué factores influyen en este proceso?
-La manera de adaptarse depende tanto del rol educativo de la familia como del nivel de maduración emocional-psicológico del sujeto a la hora de afrontar este proceso natural de cambio.

-¿Qué tan preparados están los jóvenes chilenos en general para vivir esta transición?
-En aspectos intelectuales están bien preparados, pero en aspectos emocionales y sociales están todavía muy atrás; por ejemplo, consideran que estudiar es una etapa, una “cosa” más que se hace en la vida, y no ven esta instancia como la manifestación de una vocación en pos de cambiar el mundo.

-¿Cómo saber cuándo el joven tiene vocación y qué tan importante es para estudiar?
-La vocación se reconoce por el comportamiento. Si el joven tiene pasión, si se quema las pestañas por lo que hace, si tiene arte en su ejercicio humano, entonces tiene vocación. Y eso se reconoce desde la etapa anterior a la juventud. Ahora bien, cuando eso no está la profesión pasa a ser un “cacho”, una carga, una carreta que debes arrastrar.

-Cuando hay una crisis vocacional: ¿qué se debe hacer?
-Ingresar de todos modos a la Universidad, pero a un plan común. No es bueno quedarse estancado porque en esa eventualidad cuesta mucho volver a activarse. Además, si uno se queda de brazos cruzados pierde tiempo y la posibilidad de aprender.

-¿Por qué al primer año es común reprobar ramos?

-Además de ser un filtro académico, esa instancia pone a prueba las verdaderas capacidades de desempeño del joven: lo arrojan a la realidad. Cuán capaz eres de poder desenvolverte bajo nuestro régimen de desempeño. Muchos repiten en primer año porque no logran evaluar bien cómo es lo que hacen, dónde están metidos, cuál va a ser la consecuencia de sus acciones. Son un poco infantiles porque se sienten dueños del mundo, que no les va a pasar nada. Además, si me echo un ramo, los papás pagan, es decir, comportamiento de infante.

-¿Somos un país de adolescentes maduros?
No. Ello obedece a tres factores. El primero es el cultural educacional: el chileno no se nutre mucho de cultura. El segundo tiene que ver con que hay características depresivas muy fuertes en nuestra sociedad y en la familia. Aquellas, en vez de ayudarnos a ser libres y explorar, nos sumen en la comodidad. Y esto se traduce en el “mañana lo hago, no me importa. El tercer factor tiene que ver con nuestro carácter egoísta: el chileno no es solidario, no piensa en el bien de la sociedad.

-¿Quiénes son los responsables de esto?
-La familia. Los niños son en un 75% consecuencia de sus padres. El lenguaje que maneja la familia, es decir, los castigos, reprimendas, beneficios, premios; valores culturales, sociales, espirituales que se instruyen en la casa, etc. Serán coherentes con el actuar del niño. El colegio sólo perfecciona, pero el factor clave es la familia.


Fuente: Universidad de Chile





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