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Contaminación acústica: el enemigo invisible que aqueja a los santiaguinos

      
La comuna más ruidosa de la Región Metropolitana es Santiago Fuente: Universia
La comuna más ruidosa de la Región Metropolitana es Santiago Fuente: Universia

De acuerdo a un estudio presentado por el Ministerio del Medio Ambiente, la comuna más ruidosa de la Región Metropolitana es Santiago, donde un 34,5% de los habitantes está expuesto a más de 65 decibeles, cifra límite recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).


La segunda comuna con altos índices de bulla es Estación Central, seguida de Lo Espejo, con un 31,8% y un 26,6%, respectivamente. Por otro lado, el área más silenciosa es Lo Barnechea, que alcanza apenas un 3,7% de habitantes expuestos a altos niveles de contaminación acústica. Sin embargo, según los datos de la investigación, el 85,3% se encuentra en niveles recomendables de exposición al ruido.


Los factores que alteran los decibeles de la vida santiaguina son varios. “Esta zona es la más ruidosa principalmente por la motorización del parque automotriz de la ciudad y los peaks se dan en la horas puntas asociadas al tráfico. En segundo término están las construcciones y algunas industrias, pero eso es menor porque en los últimos años han sido trasladadas a las afueras de la ciudad”, explica el profesor Raimundo Bordagorry, del Centro de Energía y Desarrollo Sustentable de laUniversidad Diego Portales.


El académico considera que la alteración del sonido genera irrupciones en la salud mental de las personas, como en su tolerancia a aguantar el cansancio y otros temas sicológicos. “Las personas que son expuestas consistentemente a contaminación acústica son las que tienen mayores índices de problemas en cuanto al estrés”, menciona.


Además, existen consecuencias sensitivas si se está durante un tiempo prolongado en un ambiente altamente bullicioso. Bordagorry señala que estar frente a una fuente fija de ruido durante tres años afecta la capacidad auditiva, mientras que escuchar música y televisión a un alto volumen también es un riesgo importante.


El especialista sugiere que podrían tomarse algunas medidas para disminuir la contaminación. “Poner paneles en torno a las autopistas, usar protectores auditivos cuando se esté en lugares con mayor ruido, escuchar música a volumen razonable y no usar constantemente audífonos podría ayudar”, sostiene.


No existe el silencio

Nadia Cortés tiene su departamento en San Francisco con Eleuterio Ramírez, pleno centro de la capital. Cuando llegó a vivir ahí hace cuatro años se dio cuenta de la bulla con la que debía lidiar. “En un comienzo no podía dormir por lo que comencé a usar tapones y ahora sin ellos no puedo conciliar el sueño”, afirma


Dentro de los años que lleva viviendo en la comuna intentó dejar los tapones, pero el resultado fue negativo. “Los dejé y estuve días sin poder dormir y en realidad, nunca más he tenido un sueño normal porque me despierto varias veces en la noche con el ruido de los camiones de basuras y autos que pasan por acá”, agrega.


Uno de los problemas que más le afecta es la construcción de edificios en el sector. Señala que los trabajos de obra comienzan muy temprano, incluso a horas que no corresponden. “Los días sábados los ruidos empiezan a las 8:30 de la mañana”, dice.


 “No se puede ver televisión, escuchar música ni hacer lo que sea sin que no haya ruido de micros, autos y construcciones”; concluye Nadia, quien considera que su diario vivir está determinado por los sonidos del exterior.


Roberto González es de Valparaíso y llegó hace un año y dos meses a trabajar a la capital. Después de vivir unos meses en La Florida decidió cambiarse a la comuna de Santiago ya que está más cerca de su trabajo. Para el joven de 23 años, el cambio entre el puerto y la ciudad en cuanto a contaminación acústica ha sido inmenso. “Dada la geografía y la forma en que está constituido el plan del centro de Valparaíso, las cuadras son cortas y los semáforos están cada tres cuadras, entonces la aceleración de los vehículos no llega al punto de generar tanto ruido, en cambio en la Alameda, son miles de autos atochados, tocando la bocina y muchas veces andando a más de la velocidad permitida”, señala.


Hace seis meses vive en su departamento ubicado en calle Romero, entre metro República y Unión Latinoamericana. “A la hora peak los autos y bocinas se escuchan a cientos de metros y, en general, el ruido es durante todo el día”, dice. Además, le afecta en la concentración ya que muchas veces trabaja desde su casa. “Estoy intranquilo y por ende, mi productividad de pensar rápido y mejor es menor”, concluye.






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