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Actualidad universitaria

 
Proceso de madurez: es el caso de lo lo que viven muchos alumnos que deciden irse a estudiar lejos de su casa.
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Entrar a la universidad es uno de los hitos más importantes en la vida de una persona. No sólo se adquieren responsabilidades en el ámbito académico, sino que también se vive un proceso de madurez. Es el caso de los alumnos que deciden irse a estudiar lejos de su casa.

La disposición de salir del hogar para iniciar un proceso educativo se debe conversar muy bien con los padres. Para la psicóloga y directora de Orientación del Preuniversitario Pedro de Valdivia, Beatriz Rivera, los jóvenes deben analizar muy bien las opciones que se presentan y consultarlo con sus más cercanos. “Hay que ver qué características tienen los hijos para ayudarlos a tomar una decisión y acompañarlos en lo que escojan”, puntualiza.

Como en todo orden de cosas, habrá jóvenes a los que vivir lejos los ayude a crecer como personas y llegar a un equilibrio, dado que serán dueños de su tiempo y podrán tomar sus propias determinaciones. Pero existirán otros a los que quizás les cueste más acostumbrarse a la independencia. “Hay que evaluar el grado de madurez que pueda tener la persona para enfrentar el desafío de irse a otra ciudad”, señala Rivera.

También hay que considerar el factor económico: Vivir solo requiere que la persona tenga la capacidad de administrar sus finanzas. Debe aprender a manejar el funcionamiento de un hogar, independientemente si vive con amigos, en pensión o familiares. La salud también será una responsabilidad: el auto-cuidado cobrará mucho valor y prevenir las enfermedades para rendir en la universidad sólo dependerá de cada uno.

Los amigos que el estudiante encuentre igualmente tendrán un rol destacado en el proceso de crecimiento, ya que podrán ser una buena influencia al dar apoyo y estar disponibles en caso que algún problema ocurra. En ese sentido, la psicóloga Rivera cree que “los papás deberían conocer a los amigos nuevos de sus hijos, para saber bien con quién están tratando y se relacionan”. Los lazos afectivos serán claves en la estabilidad emocional del alumno; se formará una confianza y seguridad al tener alguien con quien contar.

La experiencia de independencia es una prueba de confianza entre los hijos y sus padres, ya que los jóvenes tendrán que demostrar que pueden asumir de forma responsable la adultez, mientras que las familias deberán velar porque sus enseñanzas y crianza den buenos frutos.  

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