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¿Es común mentir en un CV?

      
Foto: Universia
Foto: Universia

La tentación es enorme. Allí estás, justo frente al trabajo de tus sueños y para aplicar sólo necesitas tener conocimientos avanzados sobre, digamos, Photoshop. Como te acuerdas haber diseñado algún afiche o retocado alguna foto en tus años de estudiante, te dices que no sería tan grave alegar que manejas el programa como la palma de tu mano. Después de todo, si consigues el puesto ya tendrás tiempo para aprender.

 

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Éste no es un caso aislado. Datos de la Association of Executive Search Consultants revelan que cerca del 90% de los CV contiene una mentira o exageración. Algunas son piadosas y otras descaradas pero, ¿cuál es el alcance de estos engaños? ¿Puede uno salirse con la suya? Si bien existen famosos casos de destacados ejecutivos que empezaron sus carreras exagerando determinados aspectos de sus currículums, esta práctica también puede exponerte a riesgos enormes, especialmente en lo que respecta a tu credibilidad como profesional. A continuación, te presentamos las 4 mentiras más frecuentes que los reclutadores detectan en los CV.


1. Estudios fantasmas o no terminados. ¿Quién se enterará que en realidad no asististe a un curso corto o no participaste de un seminario? Hay incluso quienes llevan esta mentira aún más lejos y se jactan de haber realizado un máster en una universidad extranjera, pensando que estos datos no son verificables.


2. Dominio de idiomas. Sin lugar a dudas, se trata de la más popular. Es sumamente habitual que las personas tiendan a nivelar sus conocimientos hacia arriba, alegando que tienen un desempeño “avanzado”, cuando en realidad es intermedio o incluso básico. ¡Cuidado con esta mentira! A través de un sencillo test, tu engaño saldrá a la luz.


3. Exagerar logros y funciones. Asegurar que ocupaste un cargo alto o que estuviste a la cabeza de un importante proyecto no te servirá de nada. Los expertos indican que la exageración de competencias es muy común, pero casi nunca puede sustentarse. 


4. Mentir sobre el motivo de un despido. A nadie le gusta decir que fue despedido, por más que la decisión haya sido producto de una reducción de personal. Y mucho menos si se trató de una cuestión de desempeño. En estos casos, lo mejor es limitarse a decir que la relación laboral no estaba siendo fructífera para ninguna de las dos partes. Los problemas de adaptación cultural suelen ser justificaciones legítimas.



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