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¿Hasta qué punto es bueno ser autoexigente?

      
La autocrítica no debe sabotear nuestros planes, ni hacernos sentir inferiores
La autocrítica no debe sabotear nuestros planes, ni hacernos sentir inferiores
  • ¿Por qué podemos llegar a ser tan duros con nosotros mismos? ¿Hasta dónde llega la autodisciplina y comienza el autocastigo?
  • Aprende sobre la eficacia de tu crítico interno, pero aprende también a ponerle límites.
  • La búsqueda de la perfección y de éxito profesional puede encaminarnos a hábitos autodestructivos e insanos, justificados por nosotros mismos.

En ocasiones, podemos llegar a ser muy críticos con nosotros mismos y llegando incluso a minar nuestra propia confianza y validez. Parece ilógico, pero es así, y muchos de los pensamientos que tenemos y el cómo nos vemos a nosotros mismos pueden estar distorsionados por nuestro afán de perfeccionismo y autoexigencia.

Según el coach Shirzad Chamine, todos poseemos un crítico interno, fruto de la evolución emocional y enfocado a desarrollar nuestros propios mecanismos de supervivencia. Nos ponemos el listón muy alto a nosotros mismos como medida de protección para evitar fracasos y rechazos públicos.

El problema de este mecanismo de defensa es que podemos desarrollarlo más de la cuenta, de manera que acabe afectando negativamente a nuestra salud mental y distorsione nuestra psicología y comportamiento.

Es lo que Chamine llama el “impuesto emocional” y es la manera en la que no paramos de encontrarnos fallos y de compararnos, llegando a generarnos estrés, ansiedad y culpa. Esta alta exigencia con nosotros mismos nos impide ser objetivos y afecta a la capacidad de ser decididos, ágiles y perspicaces.

Limitar la autocrítica

Hasta cierto punto es bueno que esperemos más de nosotros mismos y nos presionemos para llegar más alto, más lejos y no seamos conformistas.

Pero cuando esta actitud se convierte en un autosabotaje es cuando podemos vernos perjudicados a nivel personal y profesional, llegando incluso a afectar a nuestra salud y productividad.

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Es difícil paliar los efectos de nuestra alta autoexigencia, pero debemos intentarlo.

Lo primero, es ser capaz de identificar cuándo estamos siendo víctimas de nuestra propia crítica desmesurada. En ese momento, debemos de ser capaces de identificar qué estamos pensando y cómo nos estamos tratando a nosotros mismos.

Es una tarea más sencilla si nos imaginamos que lo vemos desde fuera y estamos presenciando como dejamos que alguien nos machaque y desacredite. Puedes, incluso, ponerle un nombre a esa voz “malvada” que no te deja en paz hasta que te sientes angustiado.

El segundo paso consiste en plantear una nueva relación con nosotros mismos y regular nuestras autoconversaciones positivas y negativas. Según los expertos, es bueno reconocer nuestros baremos e invertirlos. Para Chamine, el punto de inflexión y equilibrio emocional consiente un 75% de conversaciones positivas, frente a un 25% de negativas.

Estos pequeños cambios irán modificando la percepción de nosotros mismos y sanando nuestra psicología positiva. Además, nos brindaremos de más momentos de satisfacción y nos quitaremos un gran peso de encima.

Tendemos a pensar que, si queremos triunfar, debemos ser implacables con nosotros mismos y no permitirnos errores, ni perdonarnos fracasos. Pero esta actitud no es garantía de éxito, pero sí de infelicidad y frustración.



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