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Envejecimiento: se necesitan redes de apoyo para el adulto mayor activo y sano

      

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Sólo al analizar cifras oficiales se puede ver la proyección y los desafíos que implica ser un adulto mayor en Chile. De acuerdo a la Encuesta Casen 2015, el 17,5% de la población tiene 60 años o más. Por cada 100 personas menores de 15 años, hay 80 adultos mayores. 

Carolina Barrientos, académica de la Facultad de Enfermería de la U. San Sebastián (USS) y especialista en Gerontología, dice que “existe este cambio paulatino en la pirámide poblacional y que para el 2030 va a ser casi una pirámide invertida. Por eso se está trabajando activamente en el cambio de la mirada hacia el adulto mayor, para migrar de del rol asistencial y de proporcionar sólo un soporte de salud, hacia una visión más positiva”.

La experta explica que “el 85,5% de nuestra población de adultos mayores es autovalente en forma absoluta y cumple con sus actividades diarias y del casi 15% restante, sólo un 7% están totalmente dependientes o postradas”, de acuerdo a cifras del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) y de la propia Encuesta Casen.

A juicio de Barrientos, ese antecedente debe redireccionar “ciertas creencias y estereotipos que son las imágenes sociales que están en el subconsciente o en el colectivo social, respecto a la connotación negativa del envejecimiento”.

Generalmente priman consideraciones como que el adulto mayor es enfermo, limitado, que va perdiendo funcionalidad y que sufre cambios en su personalidad, una carga para la sociedad. Afortunadamente, dice Barrientos que esa mirada está cambiando.

“Se está trabajando no sólo a nivel de nuestros país sino que la Organización Mundial de la Salud (OMS) en plantear estrategias y algunos pilares fundamentales respecto al proceso de envejecimiento positivo, lo que cada país debe aterrizar a su realidad”.

Positivo y saludable

En el caso de Chile, la docente precisa que estos pilares “están más focalizados a la atención primaria y comunitaria, entendiendo está como un eslabón donde se trata a la persona de manera preventiva y se promueven conductas positivas y saludables”.

En la práctica, explica la enfermera USS, los Centros de Salud Familiar “están más orientados a la prevención, mientras que los hospitales o centros terciarios hacia el tratamiento de una patología que ya está instalada en un adulto mayor”.

No obstante, la académica enfatiza que no sólo se trabaja en torno a la salud, sino también en la autopercepción que los adultos mayores tienen de sí mismos y en la socialización.

En ese sentido, plantea que otro de los mitos es que “los adultos mayores son solos y que para ellos no importan las relaciones sociales,  que prefieren estar retraídos en su casa y no quieren salir. Pero eso es lo que las sociedad les impone”.

Además recalca que es la propia familia, quien “le pone trabas y limitantes a la persona mayor, para que no desarrolle sus potencialidades. De eso surge otro mito respecto a ellos que tiene que ver con no podrían aprender más cosas”.

La docente añade que actualmente se promueven a nivel público y privado, “talleres de memoria, de prevención de caídas y activación cerebral, entre otros, primero para fomentar la socialización y después las capacidades cognitivas”.

Redes de apoyo y desafíos

Carolina Barrientos señala  que el hecho de que los adultos mayores se identifiquen con otros que están en su misma etapa, les ayuda a sentirse más acompañados y comprendidos. Por eso se van generando las redes de apoyo con sus pares y la comunidad.

Sin embargo, indica que el problema es que “en el caso adulto mayor, a diferencia de las otras etapas de la vida de una persona, las redes de apoyo no siempre están configuradas por los familiares”.

“Me ha tocado ver que las redes de los vecinos del adulto mayor son mucho más fuertes preocupadas y atentas a sus necesidades que la familia, que tal vez no vive cerca y que aún perciben como lejano su propio proceso de envejecimiento”, explica Barrientos.

La enfermera enfatiza que el desafío es  seguir explorando distintos caminos “para buscar el bienestar del adulto mayor, no sólo desde la arista fisiológica, sino también, psicosocial, espiritual y comunitario”.



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