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Cómo vivir con un enfermo de Alzheimer y no enfermar en el intento

      
Esta enfermedad afecta a más de 170.000 personas en el país
Esta enfermedad afecta a más de 170.000 personas en el país  |  Fuente: Universia

Considerando que el porcentaje de adultos mayores crece cada vez más en nuestro país, esto por el aumento de la expectativa de vida y la disminución de la tasa de natalidad; resulta evidente que en un futuro próximo se incrementará el número de personas que necesiten algún tipo de ayuda y, por consecuencia, el número de cuidadores.

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De acuerdo con el Terapeuta Ocupacional, Andrés López, profesor asistente de la Universidad San Sebastián, “el familiar/cuidador es el ‘segundo paciente’ el cual también debe manifestar sus complicaciones o necesidades para evitar es estrés y sobrecarga asociado al rol de cuidador; relacionado a altos niveles de depresión y ansiedad”. 

Y es que las Demencias, como el Alzheimer, son enfermedades crónicas y degenerativas “las cuales cursan con alteraciones cognitivas -de memoria más otras funciones cognitivas- y conductuales, con deterioro en el desempeño social y la funcionalidad en las actividades de la vida diaria, básicas o instrumentales”, detalla el terapeuta.

De esta forma, dentro del tratamiento de personas con enfermedad de Alzheimer están las líneas de abordaje farmacológicas y las no farmacológicas. López explica que “en las intervenciones no farmacológicas son abordadas tanto la persona con demencia, su cuidador/familiar y el ambiente/entorno principal. Estos tres componentes son importantes si queremos impactar en la salud y calidad de vida de la persona con demencia, su familia y cuidador principal”.  

Información, la principal herramienta del cuidador/familiar

Una de las grandes dificultades de las Demencias es su evolución crónica y degenerativa, lo cual genera un aumento progresivo en la carga de los cuidados que las personas necesitan. Así, es importante que los familiares/cuidadores de una persona con demencia conozcan y se informen de la enfermedad, “esto es síntomas, evolución, tratamiento y complicaciones, y de igual forma alternativas de manejo y rehabilitación/estimulación tanto en el hogar como en centros de salud”, recomienda Andrés López.

El terapeuta ocupacional enfatiza que dentro del manejo cotidiano “el familiar/cuidador deberá estimular física, mental y socialmente a la persona con demencia por el mayor tiempo posible, establecer una rutina diaria y entregar la asistencia necesaria (desde solo supervisar, guiar o asistir físicamente) favoreciendo el mayor grado de independencia en las actividades de la vida diaria de la persona con demencia, según etapa de la enfermedad”.

Y es que el familiar/cuidador es el responsable tanto del cuidado como de la rehabilitación/estimulación de la persona con demencia, “y el ambiente/entorno es un elemento favorecedor o entorpecedor del desempeño tanto para la persona con demencia como para que el cuidador realice su función”, dice el experto. 

A través de los cuidados diarios en el hogar se puede establecer una rutina de estimulación cognitiva y funcional de la persona con demencia, según etapa de la enfermedad. Como entendido en adultos mayores con enfermedades como el Alzheimer, Andrés López explica que “la evidencia sugiere: acompañar a la persona al establecimiento de una rutina y supervisar el desempeño en las actividades de la vida diaria, simplificar las actividades (dar indicaciones verbales, dividir en pasos, realizar actividades sentados, dar tiempo necesario) y permitir que continúe participando por el mayor tiempo posible. Lo antes mencionado se debe realizar en conjunto con un abordaje del ambiente/entorno; por ejemplo, utilizar carteles y etiquetas para reconocer espacios, utilizar elementos de orientación (reloj, calendarios)”.

Los segundos pacientes

Las personas con demencia durante el transcurso de la enfermedad tendrán dificultades progresivas para ir respondiendo a los estímulos ambientales, es así como cambios abruptos en la rutina, exceso o falta de estímulos, ya sean visuales o auditivos, cambios físicos y sociales, o demandas que exceden a la habilidad, no podrán ser procesados por el enfermo.

En opinión del terapeuta ocupacional “un entorno mal estructurado puede ser una fuente desencadénate de estrés y un potencial generador de sintomatología o trastornos conductuales-psicológicos, como ansiedad, agitación o agresión, ira, gritos y alteración del sueño, entre otros; lo que dificulta aún más los cuidados de una persona con demencia”. 

En una situación así, un enfoque ambiental debe ser parte del abordaje no farmacológico en una persona con demencia, y el profesional de la salud más capacitado para esto es un Terapeuta Ocupacional.  El cuál evaluará tanto a la persona con demencia, el cuidador y el ambiente/entorno, con lo cual podrá intervenir uno o más de los componentes. “Dentro de los factores a abordar en el ambiente las investigaciones mencionan: reducción del desorden, uso de colores contrastantes y señalizaciones en los espacios, ambientes relajantes y estimulantes, espacios intra o extra domicilio para caminar y realizar actividad física, entre otras alternativas”, concluye el académico de la USS.

 



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