Friday :: 19 / 09 / 2014

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Noticia : Sismología

Experta en análisis sísmico cuestiona efectividad de instrumento mexicano para medir terremotos

El sismo de 7,2 grados en la escala de Richter ocurrido ayer en Japón y el movimiento telúrico de 5,8 grados de magnitud en la misma escala acontecido la madrugada de hoy en el suroeste chino, hacen recordar lo que en Chile vivimos hace ya un año, durante el 27-F. El episodio vuelve a poner en jaque a la tecnología, que según académicos mexicanos, podría llegar a predecir un terremoto.


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Hay fechas que marcan a las personas. Una de éstas es el 27 de febrero, día en que se produjo el quinto terremoto más grande de la historia de la humanidad, desde que existen registros. Durante el transcurso del 2010 ocurrieron varios episodios sísmicos, por ejemplo, en Haití e islas Bonin de Japón.

Ante esta seguidilla de sucesos, surge la interrogante de cuál es la capacidad que tiene la ciencia para predecir estos sismos. Investigadores mexicanos y europeos de la Universidad Autónoma de México (UNAM), probarán un dispositivo que en el futuro podría predecir los terremotos.
 
El instrumento es capaz de detectar el gas radón, que es expulsado cuando las capas de rocas se deforman ante la inminencia de un movimiento telúrico, según explican los expertos de la UNAM.
 
La académica de la Universidad de Santiago de Chile y experta en análisis sísmico, Paulina González, asegura que si bien se han identificado una serie de situaciones que ocurren los días u horas previas a los terremotos, aún no se ha podido determinar la fecha y hora en que se puede generar un movimiento telúrico de gran magnitud.
 
Dentro de las cosas que se ha podido observar están, por ejemplo, cambios en los niveles de las napas freáticas, cambio de polaridad magnética de la tierra y de la temperatura de la tierra en la zona afectada; además de comportamientos erráticos de los animales y la liberación de gas radón en la zona donde se produce el sismo.
 
Para la investigadora de la Usach, existen dos razones por las cuales estos fenómenos no se logran detectar. En primer lugar, no existe suficiente información de los terremotos, porque estos eventos no han sido registrados en forma sistemática para generar una metodología confiable.
 
“Por ejemplo, se necesitaría saber cuánto gas radón se libera en los días u horas previas al terremoto; cuánto gas radón se libera dependiendo de la magnitud del sismo. Son muchas incógnitas para cada uno de los fenómenos que se producen”, explica González.

Un segundo dato a tener en consideración, es que los terremotos de gran magnitud, como el del 27 de febrero en Chile, se producen en el mundo con una gran diferencia de años, por lo que el volumen de los datos es escaso.

En Chile hay que preocuparse de salvar vidas


Respecto al instrumento desarrollado por el grupo de científicos de la UNAM, la académica de la Usach señala que esta investigación permitirá obtener información relativa a los terremotos, remarcando que “siempre es interesante e importante contar con datos instrumentales de fenómenos naturales. Mientras más conocimiento se tiene sobre un problema, se pueden obtener soluciones más adecuadas”.
 
En relación al estado de la investigación chilena en materia de predicción, la académica comenta que es reducida, pues los esfuerzos están dirigidos a la caracterización de terremotos para tener antecedentes que permitan disponer de normativa adecuada de diseño sismorresistente.
 
“Chile es un país sísmico y debemos estar preparados para reducir la pérdida de vidas humanas y los daños en infraestructura. El país ha tenido muy buenos resultados desde ese punto de vista, incluso mejor que países desarrollados”, aclara la investigadora.
 
Finalmente, Paulina González considera que es preferible que las autoridades inviertan recursos y energía en generar un programa de preparación de las personas para que sepan qué hacer en caso de que ocurra un evento sísmico.
 
“Deberían estar indicados los lugares seguros, tanto en los domicilios como en los lugares de trabajo y sitios públicos. Además, se debería instruir a la población sobre el tema sísmico para que sepan a qué se enfrentan y cómo deben comportarse para reducir el riesgo. También es necesario disponer de un protocolo de acciones a seguir luego de ocurrido el fenómeno, ya que se producen cortes de energía eléctrica, escapes de gas, rotura de cañerías de agua y alcantarillado, y otra serie de situaciones que la gente desconoce y no sabe como abordar”, explica, finalmente, la académica.

Edición: Universia / RR






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