Wednesday :: 30 / 07 / 2014

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Parásitos intestinales generan trastornos del sueño y cambio de ánimo en escolares

Las enfermedades parasitarias afectan con más frecuencia a niños que a niñas, debido a los hábitos de aseo que tienen estos primeros y por compartir, muchas veces, objetos con sus pares. En hombres y mujeres, se presentan especialmente entre los cinco y doce años de edad, según explica Rodrigo Carvajal Salazar, docente de la Escuela de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello.


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María Elizabeth tiene un hijo de nueve años y desde hace tres meses que bajó las notas en el colegio, está más desanimado y, a veces, despierta en la noche. Esta madre está preocupada y no sabe cuál es la razón, la cual puede deberse a un problema parasitario.

La presencia de parásitos en los intestinos de los escolares chilenos, es una realidad, aunque en la mayoría de los casos puede no presentan síntomas clínicos que los manifiesten.

“Hay que diferenciar entre la presencia del microorganismo en forma comensal, es decir, que habita en nuestro organismo sin causarnos daño, y la forma patógena, que es cuando nos está causando enfermedad. También es importante tener en cuenta que los parásitos, dadas ciertas condiciones, por ejemplo una baja en la inmunidad, pueden pasar de su estado comúnmente comensal a un estado patógeno”, explica el Tecnólogo Médico Rodrigo Carvajal Salazar, docente de la Universidad Andrés Bello.

Los más conocidos

Son varios los parásitos que podemos encontrar en los intestinos de los escolares chilenos. Los de mayor frecuencia son los que tienen un rol predominantemente comensal, como ejemplo: Endolimax nana, Entamoeba coli, Blastocystis hominis, y también los preferentemente patógenos como Enterobius vermicularis, Giardia lamblia y Entamoeba histolytica.

En recientes estudios realizados por alumnos de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello, en el área de Parasitología, se ha encontrado una mayor prevalencia de: Blastocystis hominis, Enterobius vermicularis y Giardia lamblia.

Síntomas

“Cuando se establece una interacción patógena con el infectado, se pueden presentar diversos síntomas que van desde irritación e inflación de la mucosa intestinal, con la consiguiente diarrea aguda o crónica, hasta la pérdida de peso, cólicos abdominales y flatulencia. En el caso de la infección por Enterobius vermicularis, es característico el picor anal, inquietud, irritabilidad y mal humor”, sostiene el especialista.

Consecuencias

En relación directa con el paciente, se pueden presentar complicaciones por no tratarse a tiempo y oportunamente la presencia de parásitos.

“Estos problemas van desde los trastornos del sueño y su consecutiva alteración del estado del ánimo del escolar, hasta la desnutrición y raquitismo en los casos más extremos. Otra consecuencia que hay que considerar, es la que tiene relación con la comunidad del afectado, entendiéndose a este último como foco productor de más parásitos que habitualmente se propagan a través de las deposiciones”, afirma el docente de la Universidad Andrés Bello.

Cómo se trasmiten

La transmisión de estos parásitos se produce mayoritariamente a través del consumo de alimentos mal lavados, que han estado en contacto con aguas servidas contaminadas con heces (“fecalismo”, o comer deposiciones).

“También se considera como una importante vía de transmisión y permanencia del parásito, la auto infección por el mecanismo ano-mano-boca, principalmente presente en niños más pequeños. En el caso de Enterobius vermicularis, la infección se debe, en mucho casos, a la presencia de aerosoles con huevos flotando en el aire, que salidos desde el ano del propio afectado, es una vía característica de infección en familias completas y/o compañeros preescolares y escolares”, explica Carvajal.

Respecto al sexo y la edad, se ha visto que las enfermedades parasitarias afectan más a los hombres por sus hábitos de aseo y porque comparten objetos con sus pares, que a las niñas. En ambos géneros se presentan con mayor frecuencia entre los cinco y doce años.

“Los pequeños con más riesgos son los de escasos recursos, probablemente por el grado de saneamiento, frecuente hacinamiento y falta de atención diagnóstica y de tratamientos adecuados y acabados”, comenta.

“La prevención se concentra en el grado de saneamiento y urbanización en los grupos humanos. En la medida en que las urbes aumenten el control de excretas, disminuyan el hacinamiento en las familias, se logre el uso de agua potable en el tratamiento total de los alimentos, se eduque a la población en el correcto y oportuno lavado de manos, se diagnostique oportunamente y consecutivamente se dé tratamiento efectivo al afectado y a sus familias, se puede prevenir muy efectivamente la presencia de parásitos en la población escolar”, agrega.

Diagnóstico

Clásicamente, el diagnóstico es llevado a cabo por el estudio de heces en un Laboratorio Clínico, y efectuado por un profesional especialista, un Tecnólogo Médico, con mención en Parasitología.

El examen se llama Parasitológico Seriado de Deposiciones (PSD). Otro examen es el conocido como Test de Graham, que con el método de cinta adhesiva (que se aplica durante cinco mañanas consecutivas, antes del aseo genital, en la zona perianal), se buscan huevos de Enterobius vermicularis.

Edición: Universia / RR


Fuente: Mineduc





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